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sábado, 5 de junio de 2010

Último Post

Bueno, pues (ahora sí) ya está hecho. Al final, después de ver diversos hospitales la decisión vino a mí prácticamente sola: el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, prácticamente el último reducto de la Medicina Interna en España. Fue el único hospital "grande" en el que los residentes mayores con los que hablé no estaban quemadísimos. El único donde la Medicina Interna es un servicio prestigioso y de referencia, el único donde las especialidades actúan como tales y no como lo que no son. Era en fin, el sitio al que debía ir.
Y así fue como el día después de correr la Vig-Bay sin morir en el intento apreté el famoso "Enter" en el Ministerio de Sanidad y cogí mi plaza de residente de Medicina Interna.

Ahora llevo ya unas dos semanas trabajando como residente de Medicina Interna en el hospital Vall d'Hebron y poco a poco voy siendo consciente de que acabo de comenzar una nueva etapa de mi vida. Atrás quedan muchas cosas, buenas y malas, aunque más buenas que malas. Ahora se abre ante mí un de momento largo recorrido a través de la formación sanitaria especializada, en el que los próximos meses prometen ser muy duros.
Es un cambio brutal el pasar de ser mero observador como cuando eres estudiante de Medicina a tener ya una responsabilidad sobre tus pacientes. De eso me dí cuenta hace un par de días, en mi primera guardia cuando me pusieron en el triaje. El triaje (galicismo que proviene del francés, aunque aún no aparece en el DRAE) es una labor bastante puñetera que a casi nadie le gusta realizar y por tanto, acaba siendo la labor del último mono del hospital, es decir, el residente de primer año (R1). Consiste en descubrir más o menos que le puede estar pasando al paciente en no más de dos minutos y derivarlo o bien a un especialista de tipo quirúrgico (otorrinolaringólogo, oftalmólogo, urólogo, etc.) o bien a uno de los dos niveles de Urgencias (el nivel 1 para los que no son urgentes y el 2 para los que verdaderamente son urgencias médicas). El objetivo del triaje es no tener a pacientes realmente graves en la sala de espera durante horas y horas y que estos puedan pasar directamente dentro sin esperar demasiado. Dicho así puede parecer hasta fácil, pero cuando tienes a una persona delante y no tienes ni la más remota idea de lo que le puede estar pasando y tienes que decidir si es grave o no... pues acojona, y mucho. Lógicamente, ante la menor duda, siempre los mandamos al nivel 2, pero como es lógico no puedes mandarlos a todos allí porque sino colapsarías las urgencias y estarías haciendo una mala práctica. Así que verdaderamente lo pasé un poco mal en algunos casos. Por suerte, a todo se acostumbra uno y enseguida te das cuenta de que en el fondo, el triaje tiene mucho de sentido común. Con todo, puedo decir que verdaderamente fue el primer momento en el que me sentí más médico que estudiante, porque es verdad que estas primeras semanas nos tienen bastante "protegidos" en la planta e incluso en las urgencias (salvo cuando estamos solos en el triaje).
Además del trabajo como residente también he comenzado otro trabajo como tutor de mi academia del MIR, pues creo que puedo aportar mi experiencia a los nuevos alumnos y dada mi situación actual de recién llegado a Barcelona en estos momentos un pequeño sobresueldo me viene muy bien.
Y por supuesto, en último lugar, aunque no menos importante, en esta nueva etapa que empiezo también hay mucha gente a la que conoceré y que ya he empezado a conocer en las primeras cenas de quedadas de residentes del hospital, un colectivo muy, muy amplio (sobre unos 500 y pico, lo que representa un 40% de todos los facultativos del hospital).
Por todas estas razones y más ha llegado el momento de que la Taberna eche el cierre. Desde que el "Primer Post" inauguró esta casa han sido con esta 477 entradas en las que he escrito acerca de mis muchas inquietudes y puntos de vista. Ahora ha llegado el momento de centrarse en aprender mi profesión, pero es muy probable que en un futuro, cuando ya esté asentado tanto en la ciudad como en el hospital me decida a abrir un blog de temática médica.

Como despedida, me gustaría dejar una última cita, de Carl Sagan, que leí en el magnífico blog La pizarra de Yuri, y dice así:
"Si no somos capaces de pensar por nosotros mismos, si somos renuentes a cuestionar la autoridad, entonces somos sólo marionetas en las manos de quienes están en el poder. Pero si los ciudadanos están educados y son capaces de formarse su propia opinión, entonces los que están en el poder trabajarán para nosotros. En todos los países, deberíamos enseñar a nuestros hijos e hijas el método científico y las razones por las que existe una Declaración de Derechos. Y con ello, una cierta dosis de honestidad, humildad y espíritu comunitario. En el mundo acosado por los demonios donde vivimos por el mero hecho de ser humanos, esto puede ser todo lo que se interponga entre nosotros y la oscuridad."

sábado, 23 de enero de 2010

Ya está (casi) hecho

Apenas quedan unas horas para el momento del examen MIR. Atrás quedan 7 largos meses de preparación específica e intensiva para esta prueba que en el fondo no deja de ser una forma "elegante" de coger número en la pescadería. Y digo que ya está (casi) hecho porque hacer el examen de esta tarde no es más que un mero trámite. Lo realmente duro de esta prueba son sin duda alguna, los meses previos, una carrera de fondo con obstáculos, una prueba de resistencia que ha hecho que algunos lleguen a hoy igual que empezaron mientras que otros han perdido parte de su cordura por el camino (esperemos que la recuperen).
Lo cierto es que esta semana me he encontrado muy tranquilo, pero hoy estoy especialmente relajado, precisamente porque soy consciente de que solo falta el último trámite para abrir la puerta de las merecidas vacaciones que me esperan hasta Mayo. Trámite que hemos pasado ya en 27 simulacros previos, por lo que uno más o menos no va a suponer una diferencia.
Mis expectativas para esta prueba (contando la nota global con el expediente) pasan por quedar entre los 100 primeros y posiblemente entre los 50 primeros. Si no lo consigo no pasará absolutamente nada porque las posibilidades de elección de plaza que manejo se pueden coger sin ningún problema con números de plaza bastante más bajos que esos. Sin embargo, es más una cuestión de amor propio que otra cosa y es verdad que si no lo consigo sentiré que no he dado todo lo que podría haber dado. En unas horas lo sabremos.

Pero más allá del MIR, que como ya he dicho no deja de ser una forma de ordenarnos según un criterio tan bueno como cualquier otro para poder elegir una plaza de formación especializada, estos 7 meses de preparación me han dejado algunos cambios vitales que a la larga serán mucho más importantes que el MIR. El más importante de ellos sin duda ha sido el asentar de forma más o menos permanente un hábito de salud como es la práctica regular de un deporte, el atletismo. Como ya comenté en algún post anterior, antes de empezar a correr llevaba una vida totalmente sedentaria y era prácticamente un paralítico. En estos meses he conseguido perder unos cuantos (bastantes) kilos de más que me sobraban y a día de hoy soy capaz de correr 10 km en menos de 49 minutos o 2 horas por el monte sin excesivo problema, algo que para mí era totalmente impensable hace solo seis meses. Sin duda alguna, dentro de unos meses, cuando esté ya trabajando y recuerde esta época tan particular de la vida de todo "estudiante-médico" lo que recordaré con más cariño será sin duda el cómo pasé de ser un inútil a un corredor de tercera regional.

¿Y después del MIR qué? Vacaciones por supuesto. Y a nivel de objetivos, ahora aparecen dos nuevos retos para mí en el horizonte. No sé si este será el orden en que ocurrirán pero el primero de elllos será el domingo 11 de abril: correr la media maratón Vigo-Bayona. Mi primera media y muchas semanas de duro entreno por medio para llegar a ella pero sé que puedo hacerlo y estoy deseando hacerlo. Mi objetivo es bajar de 1 h 50 min, un objetivo razonable y asequible según lo veo yo, e incluso quizá acercarme a la hora 45 minutos. Ya lo veremos. El segundo de los retos que tendré que superar después de hoy es decidir dónde demonios quiero (y puedo) hacer Medicina Interna. Ahora mismo barajo unas cuantas opciones y ninguna de ellas me convence plenamente. Tengo mucho que pensar por delante, ya que la elección de plaza comienza el día 7 de abril y si se cumplen mis expectativas, probablemente me toque elegir ese mismo día...

En fin... apenas 3 horas para el MIR... ¡allá vamos! La próxima vez que escriba será ya como ex-estudiante.

martes, 27 de octubre de 2009

Metas y objetivos

Hace ya casi 4 meses, allá por principios de Julio comencé a preparar el examen MIR, al que me presentaré el 23 de Enero de 2010, y simultáneamente empecé también a practicar un poco de deporte por aquello de no pasar todo el día sentado estudiando sin hacer otra cosa. Y es que 6 años de carrera después, estaba ya un poco cansado de tanta vida sedentaria y de algunos kilos de más, así que nada mejor que correr (barato y sencillo) para poner arreglo a tanta inactividad.
Tuve la inmensa suerte de tener un amigo que lleva tiempo en esto del atletismo y que fue el que más empeño puso para formar un pequeño grupo de amigos para empezar a entrenar prácticamente de cero. Y menos mal que fue así, porque en mi caso estaba en una mala forma increíble; desde primero de carrera, no había practicado ningún deporte y eso se nota.
El caso es que una vez tomada la decisión de correr con cierta regularidad, había que marcarse un objetivo y no podía ser otro que la Carrera Pedestre de Santiago de Compostela, el último domingo de noviembre, probablemente la carrera popular más "popular" de Galicia, 4 meses para prepararla y mucho que entrenar.


El domingo amaneció casi temeroso, con apenas unos rayos de sol sobre el horizonte. El sábado había estado lloviendo gran parte del día y parecía que el domingo también iba a llover (70% de probabilidad de precipitaciones decían las predicciones) pero al final, parece que el sol se atrevió a salir y aguantó seminublado tirando a despejado toda la mañana. Ya en la Praza do Obradoiro, la gente recogiendo sus dorsales, se olía el ambiente festivo, pero cuando entré en la Avenida de Xoan XXIII aquelló me dejó atónito. Nunca había visto tal cantidad de gente en una carrera popular (al menos, no una en la que fuera a participar yo). Absolutamente impresionante.4627 atletas inscritos por lo visto. Caras conocidas de entrenar en la Alameda, saludos, empujones para coger un buen sitio en la salida... pero allí estaba finalmente, con un nudo en el estómago pensando en que esto era para lo que habíamos estado entrenando 4 meses y que ahora no había lugar para el fracaso. Había que terminar la carrera sí o sí, pasara lo que pasara. Y sonó el pistoletazo de salida. Aunque estaba situado bastante adelantado, lo que vi me dejó boquiabierto. Una auténtica marea humana comenzó a subir por la cuesta de Xoan XXIII en dirección a San Caetano. No se podía ver el asfalto, solo las cabezas de los atletas ocupando los cuatro carriles y las aceras de la calle. Un grupo de atletas de la BRILAT que parece ser que corren todos los años cantando detrás. Absolutamente increíble.


Los kilómetros fueron pasando y yo corrí a mi ritmo, lento pero constante, sintiéndome mejor de lo que esperaba. Pero entonces, más o menos en el km 9 llegó el coco. La cuesta de Vite. Con no poco sudor y mucha fe al final la subí y hasta aceleré de ritmo en San Roque hasta entrar en la zona vieja por la Algalia. Ahí se me acabó el fuelle y los últimos 1500 metros fueron un mero ejercicio de "por mis cojonones", puro sufrimiento y dolor, llevaba un punto de esos que apenas te dejan respirar, solo quería terminar ya y cada metro se me hacía una eternidad. Pero finalmente llegó la última curva, la entrada en el Obradoiro, esprinté, eché todo lo que me quedaba y crucé la meta tras adelantar a varios corredores. Al final tardé 1 hora 5 minutos y 31 segundos (es decir, a un ritmo semidecente -5:28 el km-), que aunque sea un tiempo horrible para gente habituada a correr, para mí ha sido todo un reto. En estos 4 meses pasé de apenas aguantar un par de kilómetros a trote borriquero a ser capaz de terminar los 12 km de la Pedestre. Un objetivo cumplido.

Hoy, dos días después, el cuerpo aún sufriendo las consecuencias del domingo, pero muy satisfecho de lo conseguido, puedo decir que he recuperado la sana práctica deportiva, que espero mantener en el futuro inmediato, y ya se sabe, anima sana in corpore sano.
Ahora, la próxima meta es el MIR, para el que faltan 3 meses. Ya he pasado el ecuador de la preparación y las bases de mi preparación ya casi han sido sentadas y ahora que he comprobado que no hay nada que no se pueda conseguir a base de esfuerzo toca seguir exprimiendo las neuronas otros 3 meses, pero afronto el futuro con tranquilidad y estoy convencido de que llegado el día estaré menos nervioso que este domingo antes de correr.

Editado: clasificación final

viernes, 11 de septiembre de 2009

Museos madrileños

El año pasado tuve oportunidad de pasar un mes en Madrid, durante el mes de Agosto, por cortesía de IFMSA-Spain, y aunque no comenté nada por el blog, nunca es tarde si la dicha es buena. Y hoy ha llegado el momento de hablar un poco de arte.

Como todo extranjero "de provincias" en la capital no pude menos que cumplir con los tópicos y visité los principales museos de la ciudad, entre los que toca destacar hoy dos: el Thyssen y el Museo del Prado.
El Prado me llevó una tarde entera para verlo más o menos completo, si bien tuve que apurar bastante la última hora para que me diera tiempo a verlo todo. Y lo cierto es que resultó una experiencia un tanto decepcionante porque el edificio resulta totalmente inapropiado, laberíntico y con estancias demasiado pequeñas, y encima mal iluminadas. La colección que exponen es una pequeña selección (alrededor del 10%) de las miles de obras que alberga el museo, lo que recalca la absoluta insuficiencia del actual edificio para acoger el museo. En cuanto a las obras lo que más disfruté fue la colección de Goya, que siguiendo la tónica general del museo está dispersa en varias salas e incluso en distintas plantas. A pesar de todo, incluso para los profanos del arte como yo, resulta una maravilla contemplar estas obras.
El Thyssen es todo lo contrario al Prado. Es un museo que no cuenta con una colección tan abrumadora como la del Prado, pero lo que tiene lo tiene muy bien expuesto y cuidado. El museo está muy bien distribuido y señalizado, lo que permite recorrerlo en un orden lógico (las obras están ordenadas cronológicamente, por épocas y estilos pictóricos) sin necesidad de andar tantísimo como en el Prado. Para visitarlo en condiciones fue suficiente con una mañana.
En el Thyssen disfruté especialmente de una escuela de pintores que no conocía, la Escuela del Río Hudson, y así fue como descrubrí a un pintor del que nunca había oído hablar: William Trost Richards. Lamentablemente en el Thyssen solo tienen una obra de este pintor, concretamente esta de 1873 (Marina con faro, Atlantic City, New Jersey).


Sin embargo, ya en casa busqué algo más de este pintor y encontré esta web en la que se puede contemplar toda la obra de este artista. Si os gusta este estilo, os recomiendo echarle un vistazo.

viernes, 26 de junio de 2009

Licenciado

Este lunes he tenido mi último examen de la carrera, y si todo va bien, como así lo espero, pues resulta que, 6 años después, al fin soy Licenciado en Medicina... aunque no sirva de mucho por el momento. Ahora toca reflexionar sobre lo aprendido en estos años de universidad y sobre todo ponerse a preparar el examen MIR, que en los próximos 6 meses será uno de los centros gravitatorios de mi vida. Pese a ello, creo que voy a tener más tiempo y sobre todo más ganas de publicar y que el blog no se resentirá.

Hoy además, acabo de decidir mi voto para las próximas elecciones generales, después de que el PPSOE, en la más vil connivencia con los demás partidos del congreso exceptuando a IU, haya decidido contribuir a un mundo más injusto. Después del fiasco con la prometida reforma fiscal, espero que no vuelvan a tener la sinvergüencería de decirse de izquierdas, porque entonces habría que lavarles la bocaza con lejía y amoníaco a ver si dejan de engañar con tanto discurso de izquierdas y luego actuaciones propias de la más rancia derecha.
Por supuesto, mi voto en las próximas elecciones irá a la basura, o lo que es lo mismo, a IU después de que Zapatero siga sin modificar la puta Ley Electoral de los cojones 5 años después de haberlo prometido.

jueves, 23 de abril de 2009

Arsuaga

Este martes pasado he tenido ocasión de asistir a una conferencia de José Luis Arsuaga, en el marco del ciclo que ha organizado la USC para conmemorar el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y el 150 de la publicación de El origen de las Especies.
Arsuaga es catedrático de Paleontología y codirector del Equipo de Investigaciones de los Yacimientos Pleistocenos de la Sierra de Atapuerca desde 1991. Más allá de eso solo cabe decir que es uno de los científicos españoles más prestigiosos y reconocidos a nivel mundial.
El caso es que vino a dar una conferencia titulada "Darwin y el origen del hombre", en la que habló un poco de todo, desde la vida de Darwin hasta la selección sexual en la evolución humana, pasando como no por la importancia del siempre olvidado Wallace. Y solo puedo decir que fue absolutamente magistral. Ojalá tuvieramos más profesores de su categoría en la universidad española. Me impresionó mucho tanto su facilidad de palabra como sus ideas personales sobre muchos aspectos más allá del ámbito de la ciencia, tanto como para animarme definitivamente a leer alguno de sus libros. Probablemente empezaré por "La saga humana".

De lo más destacable de su conferencia, me quedaría con dos aspectos. El primero fue su defensa de lo contemporáneo, porque como él mismo dijo no se puede estar siempre viendo lo que han hecho en el pasado. Hoy en día tenemos que saber lo que están haciendo nuestros coetáneos en el campo de la Ciencia. En este sentido me impresionó mucho su respeto por las ideas de Dawkins, que siempre me ha parecido que son un poco menospreciadas por la comunidad científica más "conservadora". Pero por supuesto eso no quita que no tengamos que conocer el pasado, como él mismo demostró con su impresionante conocimiento sobre la vida de Darwin. O eso, o se sabe muchas anécdotas :P.
El segundo aspecto que me gustó fue su opinión sobre qué hacer frente al creacionismo. En pocas palabras, darse cuenta de que no es ciencia y actuar como tal.

En conclusión, si alguna vez tenéis ocasión de asistir a alguna charla suya, id, porque seguro que merece la pena.

PD: Hablando de Dawkins, he acabo de leer hace poco "El espejismo de Dios", así que a ver si escribo una reseña y algunas citas que me gustaron especialmente en los próximos días.

miércoles, 8 de abril de 2009

Sobre las farmacéuticas...

A menudo me han llamado (y lo siguen haciendo) extremista o loco, o simplemente me tachan de jonvenzuelo sin cabeza con el clásico "ya cambiarás", porque desprecio a las farmacéuticas y porque creo que es una aberración que sean empresas privadas y no públicas... algo que en general me parece extensible a toda la empresa privada, pero eso es otra historia.
Alguna vez, últimamente ya no, pero cuando aún era más ingenuo que ahora, he pensado que a lo mejor tenían razón y que a lo mejor las farmaceúticas no eran tan horribles, que solo hacían un par de negocios para ganar unas perrillas, y que como todo hijo de vecino, tenían que comer... Pero la realidad es tozuda y cada vez las farmacéuticas me dan más argumentos para reafirmarme en mis "extremistas" posturas.
Hoy estaba en mis prácticas de Dermatología, y me entero por mi tutora de que en el mercado español ya no es posible encontrar dapsona. Bueno, vale, habrá algún fármaco fármaco nuevo que pueda sustituirla... Pues no! La dapsona es el fármaco de elección según las pautas de la OMS para el tratamiento de la lepra, junto con la rifampicina. Total, que dos enfermas con lepra que vimos hoy por la mañana no pueden conseguir la dapsona en España y hay que solicitarla como medicación extranjera. Y todo porque la dapsona cuesta cuatro duros y no es tan rentable como muchos fármacos de última generación (que los comerciales de las farmacéuticas nos meten por los ojos y que en realidad no valen para nada).
A mi personalmente me parece increíble. Pero si poner en riesgo la salud humana a cambio de aumentar los márgenes de beneficio no es miserable y despreciable... que baje el FSM y lo vea. Sencillamente es algo que no pasaría si las farmacéuticas fueran empresas públicas al servicio de la salud y no esclavas del dinero.

martes, 3 de marzo de 2009

RIP

Ya he hablado aquí alguna vez de Pepe Rubianes y hoy toca hablar de él otra vez, pero esta vez en circunstancias mucho más tristes ya que ha fallecido el domingo. La verdad es que era un tío sincero y de principios firmes, con el que coincidía en muchas cosas, sobre todo en estos últimos años, en los que fue perseguido por la derecha mediática por atreverse a decir la verdad sobre la sacrosanta Transición que parece que no se puede criticar en este país (lógico si se piensa que todavía hoy hay un partido mayoritario que no solo no ha condenado la dictadura, sino que se enorgullece de ella).
En fin, aunque sea un momento triste, al menos vivió plenamente, cumplió muchos de sus sueños y se dedicó a hacer lo que más le gustaba, que es lo mejor que uno puede hacer en la vida. Personalmente, más que por las polémicas artificiales, yo le recordaré por su interpretación de Makinavaja, personaje que inmortalizó durante varios años en una serie que echaban en la 2 hace mucho tiempo.
Aquí os dejó una de sus últimas apariciones públicas, en el programa de Buenafuente:


viernes, 31 de octubre de 2008

Al fin soy libre

Bueno, pues al final, con susto de por medio y todo, soy libre. He conseguido medio enmendar lo que mi madre (en toda su buen intención, espero) me hizo sin yo pedirlo ni quererlo ni tener posibilidades de negarme.

Aquí está la prueba:

jueves, 2 de octubre de 2008

ODIO a Telefónica

Llevo 3 meses intentanto que Movistar me de de una puta vez el cógido para liberar mi teléfono móvil viejo, que adquirí en su día con portabilidad cuando me pasé a Movistar (no se qué demonios estaría pensando), y que a todos los efectos ya es mío una vez cumplidas las obligaciones legales con Timofónica. Pero, a ellos, les da igual que yo tenga derecho a usar mi teléfono móvil con una SIM del operador que me salga de los cojones. 

La primera tomadura de pelo viene ya cuando en Julio llamo y me dicen que ellos no tienen el código, que se lo tienen que solicitar a Sony Ericsson (sic). Mienten casi con tanta facilidad como los del PePe, hay que joderse. Acepto la mentira por no discutir. 15 días hábiles me dicen. Como en Agosto estuve liado no llamé. Llamo en Septiembre. Me dicen que ha habido un problema y que me vuelven a hacer la solicitud. Bronca del copón con la señorita y le acabo colgando de muy malas maneras. Hoy llamo de nuevo. No les funciona el sistema por obras de mejora... y aquí sigo, tres meses después y sin poder usar un móvil que legalmente es mío porque a los muy hijos de puta de timofónica no les da la gana de facilitarme un código al que tengo derecho. Eso sí. En cuanto libere mi teléfono se pueden olvidar de mí, porque me voy a dar de baja y me paso a Simyo y os animo a todos a que hagáis lo mismo.

Os dejo un vídeo que ilustra muy bien mi situación.


lunes, 21 de julio de 2008

Regreso al futuro

Hola de nuevo. Después de un parón de casi año y medio y ahora que llega el verano, tiempo de esparcimiento y ocio he pensado que es un buen momento para retomar este viejo proyecto, ya que espero a partir de ahora tener algo más de tiempo al menos durante unos meses y luego pues "ya veremos".

sábado, 6 de enero de 2007

Y más melancolía...

... aunque ahora, no sólo mía, sino también de Ruben Darío:

Melancolía
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas crüentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto…

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

Te Quiero

Hoy, siguiendo la inspiración de zetxek, me siento melancólico, y aún a riesgo de invocar al terrible castigador de la ñoñería, creo que es muy interesante saber como se dicen esas 2 palabras mágicas en otros idiomas...

Te quiero en...

Albanés:
Te dua

Alemán:
Ich liebe Dich

Árabe:
Ana Behebek (Chico a chica)
Ana Behebak (Chica a chico)

Armenio:
Yes kez si'rumem

Búlgaro:
Obicham te

Catalán:
T'estimo

Cheyenne:
Ne mohotatse

Chino:
Goa ai li (Amoy)
Ngo oi ney (Cantonés)
Wa ai lu (Hokkien)
Wo ai ni (Mandarín)
Wo ie ni (Mandarín)
Wuo ai nee ( Mandarín)
Wo ay ni ( Mandarín)
Wo ai ni (Putunghua)
Ngo ai nong (Wu)

Coreano:
Dangsinul saranghee yo

Creol:
Mi aime jou

Danés:
Jeg elsker dig

Esperanto:
Mi amas vin

Esquimal:
Nagligivaget

Etíope:
Afgreki'

Euskera:
Maite zaitut

Filipino:
Mahal kita

Francés:
Je t'aime

Gaelico:
Ta gra agam ort

Griego:
S'apayo

Hawaiano:
Aloha i'a au oe

Hebreo:
Ani o'have otach (Chico a chica)
Ani o'he'vet ot'cha (Chica a chico)

Holandés:
Ik houd van jou

Húngaro:
Szeretlek

Inglés:
I love you

Irlandés:
Taim i' ngra leat

Italiano:
Ti amo

Japonés:
Kimi o ai shiteru

Latín:
Vos amo

Libanés:
Bahibak

Lituano:
Tave myliu

Noruego:
Jeg elsker deg (Bokmaal)
Eg elskar deg (Nynorsk)
Jeg elsker deg (Riksmaal)

Quichua:
Ñuca yaquirini

Rumano:
Te iubesc

Ruso:
Ya vas liubliu

Sioux:
Techihhila

Sueco:
Jag a"lskar dig

Vietnamita:
Anh ye^u em (chico a chica)
Em ye^u anh (chica a chico)

Yugoslavo:
Volim te

jueves, 12 de octubre de 2006

De vuelta en el mundo real

Tras unos intensísimos y agotadores días de vacaciones en Cuba en mi Viaje de Paso de Ecuador de Medicina 06, al fin estoy de vuelta en Santiago y a la cotidianidad habitual. En breve, las fotos del viaje en Flickr y un breve relato del viaje en el blog.


lunes, 2 de octubre de 2006

Irmandiños: A Revolta - Crónicas de un mercenario (III)

Y ya por fin, con esta última entrega, donde os cuento como fue el último día, se terminan mis crónicas de la partida de rol en vivo Irmandiños: A Revolta.

  • Madrugón inútil
Como ya adelanté en la II parte de la crónicas, la noche del sábado al domingo dormimos muy poquito. En efecto, a las 8 y cuarto ya estábamos despiertos. Nada más despertarme me entero de que los hombres que habíamos envíado al campamento Irmandiño lograron una negociación exitosa y nos ofrecen dinero y todo el saqueo del castillo si nos unimos a ellos. Además, me entero también de que los soldados conocen nuestro plan, ya que 2 soldados de Fonseca nos oyeron conspirar en la madrugada, por eso y porque uno de nuestros mercenarios que permanecerá en el anonimato se lo dijo a varios de Fonseca fuera de juego. Ante esta nueva información volvemos a discutir qué hacer para nuevamente no llegar a ninguna conclusión definitiva. Lo que sí tenemos todos claro es que tenemos que andarnos con pies de plomo y vigilar nuestras espaldas. Casi nadie se atreve a salir solo del albergue por miedo a los soldados. Así pues en pequeños grupos la gente va yendo a ducharse. Afortunadamente, dado lo temprano de la hora, no nos cruzamos con ningún soldado. A mí, nuevamente me toca ducharme en agua helada, que por lo menos ayudó a despejarme de lo poco que había dormido. Una vez se hubieron duchado y vestido todos, subimos al patio de armas todos juntos e intentando no separarnos mucho. Al llegar allí nos llevamos la gran sorpresa: no solo no hay nadie en el patio sino que además el desayuno aún no se sirve... Total, que nos pegamos un madrugón que no sirvió absolutamente para nada y que nadie sabe muy bien de quién fue la brillante idea. De modo que tocó esperar en el patio de armas hasta que nos trajeron el desayuno.
A medida que iban bajando a desayunar soldados del castillo y durante todo el desayuno los recelos hacia los mercenarios eran palpables en el ambiente, las miradas de desconfianza nos penetraban...

  • Muerte y Traición
Por suerte no pasó nada y según acabamos de desayunar volvimos todos al albergue, donde nos sentíamos más seguros. Al llegar al albergue nos enteramos de que uno de los nuestros fue a hablar con Pimentel y logró la promesa de 200 monedas de oro a cambio de nuestra lealtad. Esto provoca de nuevo una enorme división de opiniones entre los mercenarios que prefieren aceptar el dinero y quedarse y los que creen que es una trampa y quieren irse con los Irmandiños. El debate se prolonga y no se llega a ninguna conclusión clara tras más de media hora. Sin embargo el tiempo apremia y somos llamados a formar en el patio de armas. Todos subimos llenos de inseguridad y temor, puesto que nadie tiene muy claro lo que vamos a hacer, aunque parece que en principio vamos a traicionar a Fonseca, pero nadie sabe muy bien cómo aún.
Formamos en el patio de armas junto con los soldados. La tensión se corta en el aire. Recibidas algunas órdenes de los PNJs todos nos sentamos en los soportales del patio de armas a esperar la partida hacia la batalla. Los mercenarios sin embargo comenzamos a reunirnos en puerta del patio donde Pimentel está hablando con nosotros para convencernos de que no le traicionemos. En un momento dado y sin que nadie sepa muy bien cómo ni por qué todo termina y nuestro destino queda sellado. De repente, veo que los que están más cerca de Pimentel echan a correr hacia la explanada y los demás, por pura inercia, les seguimos. Más tarde me enteré de que uno de los mercenarios, el insigne Pardiez, había matado a Pimentel con su daga, y por eso la huída. Y así, de esta forma tan estrambótica y espectacular es como acabamos corriendo bajo la lluvia para huir del castillo. 37 mercenarios de 40 habíamos traicionado a nuestro señor.
Y pronto empezamos a lamentarlo. El camino hasta el campamento irmandiño era largo y la lluvia arreciaba por momentos. Además los primeros momentos fueron de bastante confusión porque no teníamos mando y muchos aún no nos habíamos enterado del motivo de nuestra huida. Por si fuera poco, solo unos pocos conocían el camino y nadie de los Irmandiños sabía que íbamos hasta su campamento... Esto último fue solucionado con una llamada de móvil y quedamos de vernos con los Irmandiños a medio camino.
Más tarde nos enteramos de que los primeros momentos de nuestra espectacular huida no sólo fueron de confusión para nosotros sino también para la organización. Aunque contaban con nuestra traición, no contaban con nuestra improvisada huída y de hecho pensaron que íbamos a ir al albergue a encerrarnos, donde nos estaban esperando varios PNJs para renegociar nuestra lealtad. Además, Pimentel nos había dejado unas lanzas en el albergue para la batalla. Por eso, durante un buen rato les tuvimos muy preocupados porque no sabían donde estábamos, ya que nadie de la organización estaba con nosotros y no les habíamos dicho lo que íbamos a hacer (entre otras cosas, porque ni nosotros mismos lo sabíamos...).
Personalmente creo que a nivel rolero lo hicimos de puta madre, porque nos metimos en nuestro papel de mercenarios e hicimos lo que teníamos que hacer. Había que traicionar a alguien o realmente no hubiera habido diferencia entre nuestros personajes y los de los soldados. Y aunque a medida que caminábamos bajo la lluvia empezábamos a pensar que habíamos cometido un error, en el fondo fue divertido.
Además, tampoco sabíamos muy bien como íban a recibirnos los Irmandiños, si cumplirían su promesa o si aprovecharían para matarnos y enfrentarse luego en superioridad numérica a los soldados nobiliarios. Yo desde luego estaba convencido de que nos iban a matar, y nos lo habríamos merecido seguramente...
Afortunadamente para nosotros no fue así. A los 2/3 del camino más o menos nos encontramos con los Irmandiños. En un gesto de buena voluntad arrojamos nuestras espadas al suelo para mostrarles nuestro respeto. Y, tras unos momentos de pánico en los que se oyeron algunos gritos de "¡Morte!" por parte de los Irmandiños, sus jefes se pusieron de acuerdo con nuestros comandantes para luchar juntos en la batalla por el castillo. Sin embargo, ciertas desconfianzas son difíciles de vencer y por su seguridad dieron instrucciones para avanzar hacia el castillo con los mercenarios delante, siempre en la vanguardia. En un gesto de bueno voluntad, uno de sus PNJs se adelantó para marchar con nosotros e indicarnos un camino que no conocíamos a través del monte.
La traición había salido bien después de todo. Eso sí, horas y horas de estéril debate para que al final acabáramos improvisandolo todo espontáneamente a partir de acciones no previstas...

  • Asalto final al castillo
Tras un buen rato de marcha a paso ligero, por fin estamos de vuelta a las puertas del castillo. Entramos por el punto II donde no hay nadie esperándonos. Por unos momentos a los mercenarios nos dejan en el camino a la puerta trasera mientras los Irmandiños se dirigen a la explanada de la armería. En ese momento, podríamos haber hecho cualquier cosa, como atacar el castillo y quedárnoslo o traicionar a los Irmandiños por la espalda y unirnos de nuevo a la causa nobiliaria... Desgraciadamente, con el cambio de las normas de combate, nada de eso fue posible, y nos dirigimos todos a la explanada de la armería, donde tendría lugar la batalla final.
De nuevo, frente a frente, Irmandiños frente a Malfeitores, aunque esta vez los Irmandiños eran superiores en número ya que los mercenarios estábamos de su lado. No obstante, aunque la situación era la misma, la batalla iba a ser muy diferente. La organización había establecido un nuevo sistema. En vez de batallar todos contra todos, los combates serían individuales. Cinco cada vez, aunque uno contra uno, vigilados por 2 PNJs de la organización. O lo que es lo mismo, ponerse en fila para ir luchando con el de enfrente. Uno puede entender que con este sistema se evitan los posibles abusos y los accidentes como los que habían tenido lugar el sábado, pero lo cierto es que le quitan toda su gracia al juego. Con estas nuevas normas lo único importante es la habilidad individual, o lo que es lo mismo, contar con lo que mejor luchan con espada, por pocos que sean. El equipo, lo colectivo se pierde y así, la superioridad numérica de los Irmandiños no sirvió absolutamente para nada. No hay táctica ni estrategia... Así es que los soldados, que contaban con los jugadores más diestros con la espada fueron mermando a los Irmandiños uno a uno cada vez, pero uno tras otro. Lo único que evitó una derrota inmediata de los Irmandiños fue que contaban con los mercenarios que eran los únicos que ganaban algún combate. Las peleas se prolongaron mucho, mucho tiempo. Yo pelee muy hacia el final y me mató un soldado de Fonseca mucho más hábil que yo, puesto que ni siquiera fui capaz a asestarle un golpe, aunque también es verdad que me partió el escudo de un espadazo, cosa que supuestamente había quedado prohibida del sábado... pero bueno, los organizadores sabrán.
Tras cada pelea individual, el que moría se iba a un lado, donde la Muerte le marcaba la cara con colorante rojo, y el que sobrevivía se iba al otro lado junto con los demás supervivientes. Al bando que se le acaban los luchadores, volvían los supervivientes.

Lamentablemente, al poco de empezar la batalla comenzó a llover con bastante fuerza, fuerza que se fue incrementando durante el transcurso de la batalla hasta cotas impresionantes. Al final era tal el chaparrón que la organización decidió parar la batalla para que corrieramos a refugiarnos en el castillo. En ese momento los soldados vivos eran bastantes más que los Irmandiños. Mientras nos íbamos pudimos ver la desoladora estampa del campo de batalla tras la contienda, plagado de decenas de escudos rotos en medio del barro y el agua de la lluvia. La escena me recordó una cita del Duque de Wellington, que dijo que "Salvo una batalla perdida, no hay nada tan triste como una batalla ganada".

  • Fin del juego
Para ironía metereológica, al poco de suspender la batalla, dejó de llover y salió el Sol... Pero tarde, puesto que todos acabamos empapados hasta la médula y tuvimos que cambiarnos de ropa. Bueno, los que podíamos, porque los jugadores Irmandiños, que subieron con nosotros hasta el castillo, tenían sus cosas en su campamento y no tenían muda seca que ponerse. Por eso, alguno se quedó medio en cueros con tal de sacarse la ropa mojada.
Mientras acabábamos de cambiarnos y secarnos en el albergue, varios mercenarios trajeron bocadillos para todos y empezamos a disfrutar de nuestro último bocadillo del fin de semana allí mismo. Pero, enseguida nos avisaron de que en el patio de armas había también empanada y allá nos fuimos todos...
Una vez comidos todos, la organización nos reunió a todos en el patio de armas y nos comunicó lo que habían decidido. Aunque la cosa había quedado en empate, los soldados nobiliarios habían luchado con gran valor en inferioridad numérica, logrando mermar considerablemente a los Irmandiños, de modo que la victoria les correspondía. A todos nos pareció una decisión justa, incluso a los Irmandiños. De todos modos, siempre se podrá dirimir definitivamente el asunto en futuras ediciones del juego, que esperemos que las haya.
Tras el discurso final de la organización y la foto oficial, los Irmandiños se volvieron a su campamento y los mercenarios al albergue a recoger nuestras cosas. Luego, una breve y en cierto modo triste espera hasta las 6 para coger el bus de vuelta a casa. Pese a lo triste de la situación, algunos mercenarios aprovechamos para echar unas manitas de póker...
Y poco más que contar, despedida de los compañeros de armas y ahora amigos, y vuelta a la normalidad de nuestras casas, donde ya no podríamos ir con espada a todas partes ni gritar consignas de guerra en cualquier momento o situación...

  • La leyenda de Conan
No podría terminar estas crónicas mercenarias sin haber hablado de Conan y su leyenda. Conan fue un jugador mercenario que ya desde el primer día nos impactó a todos. Nada más verlo, muchos pensamos que debía ser un PNJ al verlo con su impresionante envergadura, sus hombreras y brazaletes de cuerto y sus dos espadas, una a la espalda y la otra en la cintura. Yo incluso pensé que sería Pimentel. Pero no, era un jugador como los demás. Bueno, como los demás no. Ya en los entrenamientos comenzó a destacar por encima de los demás con su diestro manejo de la espada. Incluso, en uno de los piques con los de Zúñiga en el campo de entrenamiento se enfrentó con gran éxito a un zúñigo. Luego, por la tarde le ganó a casi todos los mercenarios en el duelo con espadas.
Yo no sé en qué momento exacto se le empezó a llamar Conan, pero sí puedo decir que él se sentía orgulloso de su apodo de guerra. Por supuesto fue uno de los comandantes y dio nombre a su comando: "Los Bárbaros de Conan".
Uno de los detalles más impresionantes de esta historia es que en el propio campamento Irmandiño circulaban rumores sobre Conan, sobre quien decía que había ganado 90 maravedís apostándose un maravedí por duelo de espadas y ganando a todos sus rivales, cosa que realmente no tuvo lugar.
Quizá lo más espectacular de su leyenda fue su pelea del domingo con Bisbal. Bisbal era un soldado de Zúñiga con el que ya se había enfrentado Conan en el patio de armas a raíz de un pique con los zúñigos. Por supuesto le había ganado. Por supuesto, en la batalla del domingo, quedaron frente a frente y tuvieron ocasión de verse las caras de nuevo. La verdad es que se tenían muchas ganas como así lo demostraron. La pelea entre ellos fue antológica. Por cinco veces, Bisbal le rompió el escudo de un golpe a Conan. Aún así Conan resistía, pero claro, ante esa brutalidad poco se puede hacer y de forma ajustada e injusta perdió contra Bisbal para gran regocijo de los zúñigos. Y digo injusta porque no me parece normal que Bisbal no fuera descalificado tras romperle cinco escudos al rival. En todo caso, el vencedor moral siempre será Conan, puesto que su leyenda perdurará a lo largo del tiempo, mientras que el efímero éxito de Bisbal se perderá como lágrimas en la lluvia...
Por supuesto no sería justo mencionar aquí a otros jugadores singulares que con su desparpajo y personalidad le dieron el toque perfecto al grupo de mercenarios: Hulk, Bufón, Pardiez (que además eran hermanos, y por ese orden de mayor a menor), Sindicalista, Mudito, Contable... nombres propios que hicieron que el juego transcurriese tal como transcurrió y no de otro modo.

  • Últimas consideraciones
Ya para terminar, solo quiero darle las gracias desde aquí a la Xunta de Galicia por haber financiado este juego, y sobre todo dárselas a la organización por su espectacular trabajo. Yo creo que para todos los que participamos fue una experiencia única y excepcional, y que repetiríamos sin dudar si se organizan más ediciones.
Dicho esto, también hay que ser críticos y quiero recalcar mi desacuerdo con las normas de combate del domingo. Como dije, entiendo que hay que evitar los abusos y las trampas de algunos, pero creo que hay otras formas de hacerlo sin necesidad de perjudicar tanto el juego como con los combates individuales. Una posible forma de hacerlo es infiltrando PNJs entre los jugadores durante las batallas para controlar que nadie haga nada fuera de lugar. En todo caso, siempre va a haber algún tramposo y algún energúmeno, puesto que la estupidez humana es infinita. Pero, todos los jugadores somos adultos para aceptar esto y apandar con ello. Y por supuesto, también pueden ocurrir accidentes como ocurrieron el sábado por la tarde, pero que como ya dije, y no me cansaré de insistir, fueron totalmente fortuitos y no provocados por ningún acto de algún jugador.
Además también tengo una sugerencia, y es no cortar el tiempo de juego por la noche. Aunque algunos jugadores en estado de embriaguez asaltaron el campamento Irmandiño y les rompieron 3 estandartes el viernes por la noche, la organización no lo dio por válido. Sin embargo yo creo que sería interesante que todo el tiempo real fuese tiempo de juego, de forma que hubiera que establecer patrullas y guardias, dormir con el nerviosismo y el miedo a un posible ataque, etc. Creo que podría ser muy interesante.
En cuanto a todo lo demás, mis felicitaciones a 13negativo y desearles que tengan muchos más éxitos organizando nuevas ediciones del juego.


¡Y se acabó!

Irmandiños: A Revolta
Crónicas de un mercenario (I)
Crónicas de un mercenario (II)

domingo, 1 de octubre de 2006

Irmandiños: A Revolta - Crónicas de un mercenario (II)

Y continuamos con las crónicas mercenarias de la partida de rol en vivo. Aquí están las vivencias del Sábado 23, sin duda, el mejor día del juego por todo lo que vivimos.

  • Ducha fría y desayuno frugal
Hay que dar las gracias a la organización porque el sábado por la mañana nos dejaron dormir a placer, en vez de obligarnos a pegar el gran madrugan que muchos nos temíamos. Yo me desperté a las 10 y cuarto y estuve remoloneando un rato antes de despertarme del todo. Con todo, yo necesito una ducha por la mañana, porque sino no soy persona, así que fiel a mi estilo me fui a explorar en búsqueda de las duchas móviles que la organización había dispuesto para nosotros en la zona de los antiguos hornos del castillo. Al llegar me descubro que solo hay 3 duchas para hombres y tengo cola por delante. Pero lo peor fue que tras esperar casi media hora me llevo la desagradable sorpresa de que el agua caliente solo llega para los primeros afortunados y me toca ducharme en agua fría. Los que hayáis estado en partys ya sabréis que el agua de las duchas móviles suele salir "fresquita" cuando se acaba el agua caliente del calentador. Pues bien, la de estas duchas no estaba "fresquita", estaba muy, pero que muy fría, así que más que ducharme, solo me mojé lo mínimo necesario para asearme...
Una vez se hubieron duchado todos subimos al patio de armas a saber qué nos iban a dar para desayunar. Segunda sorpresa desagradable de la mañana: no hay café, ¡ALARMA! NO HAY CAFÉ. Personalmente creo que fue de los pocos fallos importantes de la organización. El café es fundamental... En vez de eso nos daban una bolsita a cada uno con: una manzana, un mini-croissant, una magdalena, un brik de 330 ml de batido de chocolate y otro de zumo, ambos de Eroski (eso si que fue una gran elección, y sí, lo digo en serio).
Poco después del desayuno nos llegan informes de que los Irmandiños preparan un ataque al castillo...

  • La Batalla del Cruce
Ante esa información, rápidamente nos reunimos para que nuestros jefes nos den las órdenes pertinentes. Como pensábamos que los Irmandiños llegarían enseguida al igual que ocurrió el viernes por la noche estabamos bastante emocionados, y también atemorizados, ante la perspectiva de luchar contra ellos ya mismo, con el consiguiente riesgo de morir ya el sábado por la mañana. A pesar de saber que todo era un juego y que todo estaba preparado de antemano el nerviosismo y la tensión se podían respirar en el ambiente y nos sentíamos casi como si fueramos verdaderos mercenarios preparándose para defender el defender castillo.
Los soldados de Zúñiga fueron enviados a defender la Atalaya, mientras que los de Fonseca y los mercenarios nos encargaríamos de las proximidades del castillo. Sorprendentemente, los Pepinos y los Valientes de Corso fuimos elegidos, junto con un comando de Fonseca, para defender el punto II. Y digo sorprendentemente porque los Bárbaros de Conan y Archeron, con unos tíos mucho más aptos para el combate que nosotros (y lo digo sin ánimo de menosprecias a los Pepinos, que somos la ostia), se quedaron en la puerta trasera del castillo, justo detrás de nosotros, como reservas para reemplazarnos a los que fueramos cayendo en la defensa del punto II. Este punto era estratégico porque constituye un cruce donde confluyen dos caminos de acceso al castillo. Por suerte, las instrucciones que nos transmitieron los jefes eran de retirarse del combate en cuanto nos quedáramos con 2 puntos de resistencia. Por supuesto, de forma ordenada, de uno en uno y avisando siempre al resto del grupo, el que estuviera herido tenía que correr hacia el castillo para poder ser curado por la menciñeira, y sería reemplazado por alguno de los hombres de los comandos de reserva.
Con estas instrucciones nos situamos en el punto II. El plan inicial era simplemente colocarse en línea abarcando toda la superficie del camino de acceso para evitar que pasaran los Irmandiños de modo que inmediatamente nos pusimos en formación dispuestos a todo. Las sensaciones que teníamos en esos momentos eran casi como si fueramos a entrar realmente en batalla: incertidumbre, nervios, temor, miedo al combate y a la muerte... Pero, el hecho de estar con nuestros compañeros de armas nos infundía también una cierta confianza en nosotros mismos. En cierto modo sentíamos la misma tensión anterior a la batalla que sintieron los defensores del castillo en 1469 y que a lo largo de la historia han sentido todos los guerreros, soldados, mercenarios, etc. que han luchado en un campo de batalla.
Sin embargo todo estos sentimientos (hay que ver lo lírico que me ha quedado el párrafo anterior) duró solo un rato, para dar paso posteriormente al aburrimiento ya que los Irmandiños no aparecían por ninguna parte. La tensión dio paso al relax y el esparcimiento, lo que originó una buena bronca de Pimentel que bajó a echarnos la bulla por estar tirados en el suelo mientras esperábamos... Gracias a todo ese tiempo de espera a alguien -que no se quién fue, pero dada la genialidad seguro que fue un mercenario- se le ocurrió una idea brillante: preparar una emboscada. A la derecha del camino de acceso había unos helechos bastante frondosos y ahí se ocultaron 6 mercenarios y 3 soldados, preparados para salir por sorpresa en cuenta los comandantes gritaran "¡Lume!". Desde que acabamos de preparar todo el asunto de la emboscada aún tuvo que pasar algo más de media hora hasta que aparecieron los Irmandiños. Si algo aprendimos ese día es que esperar a los Irmandiños es muy, muy aburrido. En ese intervalo, parte de los Irmandiños atacó la Atalaya que fue defendida con gran valor por los soldados de Zúñiga.
Tras la larga espera, al fin apareció corriendo por el camino nuestro explorador que nos informó de que ya venían los Irmandiños. Así que todos nos dispusimos a formar en línea, prestos para el combate. El Comando Pepino forma el flanco izquierdo y los Valientes de Corso el flanco derecho, quedando el comando de soldados de Fonseca en el centro. De nuevo, nos embargan todas las emociones previas a la batalla, aunque esta vez sí, aparecen los Irmandiños por el camino. El primer encuentro acentúa nuestro miedo y a la vez nuestra confianza en la victoria, pero sobre todo, lo que sentimos al tener frente a frente a los Irmandiños por primera vez son una ganas tremendas de zurrarles y machacarlos.
A pesar de lo que nos temíamos por lo que nos habían dicho, el número de Irmandiños que aparecen no es superior al nuestro. Ambos ejércitos nos tanteamos con gritos y amagos sin que nadie se decida a atacar al enemigo. Varios se aproximan mucho a los helechos y por un momento todos pensamos que se iban a dar cuenta de la trampa. El peor momento fue cuando uno de los Irmandiños llegó a estar a menos de 2 metros de una de las mercenarias emboscadas que se dejaba entrever bastante entre la vegetación. Pero la suerte estuvo de nuestro lado y no les dio tiempo a descubrir la trampa hasta que fue demasiado tarde. Al final, tiene que ser un Irmandiño algo loco el que primero se atreve a lanzarse al combate. De repente muchos se unen a él y cargan contra el flanco derecho nuestra formación con la intención de romper la línea. Justo cuando empiezan a cargar contra nosotros, alguien se debió acojonar mucho y empezó a gritar "¡Lume!", seguido casi al instante por casi todos menos por los comandantes, que eran los teóricos responsables de dar la señal en cuanto lo consideraran oportuno. Respondiendo de forma perfecta, al grito de "¡Lume!", los emboscados salieron de los helechos furiosos y agresivos. La idea original era que al salir pudieran atacar a los Irmandiños por la espalda antes de que se dieran cuenta de lo que estaba pasando. Sin embargo, como la señal se dio un poco precipitadamente, salieron de los helechos justo por el lateral de los Irmandiños que se habían quedado rezagados respecto al grupo principal que inició la carga contra nosotros. Así pues, en lugar de pillar a los Irmandiños por la espalda, los pillaron de lado pero, una vez más la suerte estuvo de nuestro lado y pese a que se gritó "¡Lume!" antes de tiempo, la sorpresa de los Irmandiños fue mayúscula y no tuvieron tiempo de reaccionar. Las caras de los Irmandiños que pudieron ver salir a los emboscados y cargarse a sus compañeros fue antológica. Sin duda los pillamos totalmente en bragas. Entretanto, nuestra línea aguantó el envite Irmandiño sin muchos problemas. Con la carga inicial, el flanco derecho de la línea tuvo que retroceder un par de de pasos, pero enseguida los nuestros retomaron la iniciativa y recuperaron la posición rechazando a los atacantes. Por su parte, los emboscados que han salido de los helechos se van cargando con las dagas y con las espadas a todos los Irmandiños que habían quedado descolgados del grupo principal. Los Pepinos, al ver que nadie ataca nuestro flanco, hacemos un amago de flanquear a los Irmandiños que luchan en el flanco derecho de nuestra línea. Sin embargo, en ese momento, ya todos son conscientes de la emboscada y al ver que la derrota es inevitable comienzan a huir. Ante eso, los Pepinos rompemos la línea y nos lanzamos directamente a por los Irmandiños que aún resistían, pero al ver que vamos a por ellos echan a correr como descosidos. Pero teníamos demasiadas ganas de zurrarles como para dejarlos escapar tan fácilmente así que corrimos tras ellos en una alocada persecución en la que golpeábamos sin ton ni son a todos los Irmandiños rezagados. En una de estas, tanto Miguel como yo le dimos un toque a uno que iba corriendo tras los Irmandiños con ropas negras y amarillas, y que efectivamente resultó ser el hijo de Zúñiga. Por suerte, como era un PNJ no se dio por enterado y lo dejó correr... pero casi nos lo cargamos accidentalmente en medio de la confusión en la que acabó la batalla. En medio del torbellino final, muchos Irmandiños que no tuvieron la suerte de escapar estaban muertos en el suelo (esperando sentados los 5 minutos que especificaban las reglas) y fureon saqueados por los mercenarios más avispados. En mi caso, cuando desistí de perseguir a los últimos Irmandiños y volví atrás para intentar saquear yo algo, resultó que ninguno tenía ya nada, puesto que habían sido saqueados y resaqueados... Fue una lástima.
Y así es como transcurrió la que quedaría para la posteridad como "La Batalla del Cruce", contienda épica donde las haya y desde luego, la mejor en la que participaron los Pepinos y yo mismo.
Tras la batalla fuimos reemplazados en el punto II por los otros 2 comandos de mercenarios que estaban en la reserva y nosotros subimos hasta la puerta del castillo a esperar nuevas órdenes. Y las nuevas órdenes fueron esperar en reserva por si hacíamos falta para reforzar algún punto. Mientras nosotros esperábamos tuvieron lugar otras batallas en los distintos puntos estratégicos.
Un comando de Fonseca destinado en la fuente perdió su posición y los que no fueron muertos tuvieron que huir. Sin embargo, el resto de los soldados de Fonseca, destinados en el Arco hizo una defensa espléndida adoptando una formación en tortuga que resultó ser infranqueable para los Irmandiños. Así pues, todos los Irmandiños atacantes fueron rechazados en los puntos clave, de modo que reunificaron sus fuerzas y se dirigieron a la Atalaya de nuevo para intentar un segundo ataque. Esta vez, con una superioridad numérica abrumadora sobre los soldados de Zúñiga consiguieron vencerles en una lucha que desde nuestra posición se vio realmente épica. Los de Zúñiga lo dieron todo y más, demostrando un valor que los mercenarios no imaginábamos que pudieran tener. Pero al final, los Irmandiños pudieron con ellos capturando a la mitad y matando o haciendo huir a la otra mitad. El vizconde Diego de Zúñiga estaba con sus tropas y también fue capturado, detalle que, suponiblemente, había sido preparado a propósito por la organización.


  • Comida y descanso abortado
Una vez terminada la segunda batalla por la Atalaya, los Irmandiños parecieron retirarse, de modo que en el Ejército Nobiliario también decidimos replegarnos para comer, que ya iba siendo hora. Al igual que el viernes, bocata para comer, aunque esta vez había muchos menos de jamón y la mayoría eran de chorizo o salchichón para desgracia de Moreno. Tras tan opípara comida el sopor postprandial (las ganas de echar la siesta de toda la vida) nos invadió a la mayoría de los mercenarios y nos fuimos a cobijar en el albergue para echar una cabezadita o descansar. Y ya que estábamos allí, algunos nos pusimos a jugar unas cartas. Sin embargo no dio tiempo apenas ni a echar dos manos, porque enseguida nos vinieron a llamar. Los Irmandiños, no contentos con retrasarnos la hora de la comida, venían a fastidiarnos nuestro merecido descanso para reposar la comida. Total, que vuelta a formar para recibir las órdenes de Pimentel.


  • La Batalla de la Explanada
Esta vez nos colocaron a todos los mercenarios juntos. Los 4 comandos fuimos situados en el camino entre el punto II y el punto III, más o menos a la altura de la armería. Los soldados de Fonseca esperaban en el punto III, por donde supuestamente iban a atacar los Irmandiños. El camino entre ambos puntos era importante porque comunica las dos puertas del castillo. El plan para la defensa es simple, formar en tres líneas ocupando todo el ancho del camino para evitar a toda costa el paso de los Irmandiños. Sin embargo, dado el gran éxito que había tenido la emboscada de la mañana, a alguien se le ocurrió que podría repetirse. Desgraciadamente, los helechos de la zona eran demasiado poco frondosos y los elegidos no eran precisamente los más pequeños y delgados. Ver a Hulk escondiéndose entre los helechos fue algo que no tuvo precio. Curiosamente, pese a su envergadura, fue de los que mejor se ocultó gracias a todos los helechos con los que "decoró" su escudo. La escena me recordó inevitablemente a los cómics de Astérix y el camuflaje de los soldados romanos. Al final, ante la imposibilidad de esconder lo que no se puede esconder, desistimos de la idea para volver al plan original.
Para alivio de todos, esta vez los Irmandiños no se hicieron esperar tanto como por la mañana y enseguida tuvimos noticias de ellos. A pesar de lo previsto, no atacaron por el punto III sino que vinieron desde el punto II. Luego nos enteramos de que la organización había decidido preparar una batalla abierta con los dos ejércitos frente a frente en la explanada frente a la armería. La verdad es que era un campo de batalla ideal, la típica planicie con hierba en la que transcurren todas las batallas cinematográficas.
Así pues, bajo las órdenes de los PNJs de cada bando los dos ejércitos nos colocamos en el campo de batalla, frente a frente, expirando sed de sangre por cada poro de nuestra piel. El odio, el miedo, la confianza se podían palpar en el aire. Allí estabamos unos 120 soldados y mercenarios contra unos 90 Irmandiños. Sin duda, la confrontación se preveía épica. En estos momentos previos al combate las consignas de uno y otro lado retumbaban en el aire, pero sin duda "¡Morte ós Irmandiños!" y "¡Morte!" eran los gritos que más alto sonaban.
Debió de ser impresionante para los que observaban desde fuera ver a dos ejércitos tan dispares frente a frente. Por un lado, los soldados y mercenarios, en perfecta formación y con sus tabardos y escudos uniformes. Enfrente, un grupo heterogéneo y bastante desorganizado de Irmandiños, entre los cuales había campesinos, monjes, hidalgos, pesadores, bachilleres... cada uno con un aspecto y un escudo particular. Por unos instantes todos revivimos lo que cada uno debió sentir en su día. Los Irmandiños aterrorizados ante un ejército profesional tan organizado y superior a sus ojos. Los soldados y mercenarios por su parte, con temor también por enfrentarse a una gente que poco tenía que perder, aunque también viéndolos con cierta complacencia al saberse militarmente más preparados. El contraste no podía ser mayor.
Nuestro plan de ataque era simple, mantener una línea de 2, los de delante con los escudos pegados lado con lado, y los de atrás cubriendo la cabeza del que llevaban delante, en una formación casi de tortuga. Con esta táctica, si se hace bien, la primera línea de hombres está casi perfectamente protegida de los ataques enemigos.
En cuanto los PNJs nos dieron la señal, la batalla dio comienzo con algún que otro titubeo. Como los Irmandiños no se decidían, tuvimos que ser nosotros los que tomamos la iniciativa y empezamos a avanzar hacia ellos. Visto desde fuera, tuvo que ser impresionante ver al Ejército Nobiliario cargando contra el Ejército Irmandiño. Al vernos casi encima se decidieron a hacernos frente y en un momento épico los dos frentes se encontraron. Yo me encontraba en primera línea (con la inestimable colaboración de Sandra protegiendo mi cabeza) y lo que se siente en ese momento es simplemente indescriptible. Como mercenarios y soldados entrenados que éramos, y ya con experiencia en batalla de por la mañana, nuestra línea se mantuvo sin fisuras casi de forma perfecta. Los Irmandiños en cambio parecían totalmente desorganizados. Tras un primer momento en el que contuvieron nuestra carga, enseguida se debilitaron y poco a poco, nuestra línea empezó a hacerles retroceder, paso a paso. En esos momentos, cada palmo de terreno ganado sabe a gloria y cada vez te infunde más confianza en la victoria final. Así pues, lo Irmandiños se fueron replegando hasta que llegaron a un pequeño desnivel que hay en el límite de la explanada de la armería. Al llegar a ese punto se vieron obligados a subir el terraplén de espaldas. Una vez allí ya no tenían más espacio para retroceder y algunos empezaron a huir. En ese momento, los que estabamos en el flanco derecho aprovechamos para flanquear a los Irmandiños en el terraplén, lo que provocó una huída generalizada de su flanco izquierdo, mientras que su flanco derecho aún resistía a duras penas nuestro empuje. Justo cuando los que estábamos en el flanco derecho empezamos a perseguir a los Irmandiños huídos, todos empezaron a gritar que pararámos la batalla. Una jugadora Irmandiña había caído mientras huía y varios de sus compañeros le habían pasado por encima haciéndole daño. Por si eso fuera poco, al mirar hacia atrás vemos a Pimentel también sentado en el suelo y sujetándose un brazo. Enseguida supimos que se había dislocado el hombro de forma fortuita debido a una lesión previa. Hubo momentos de confusión y nadie sabía muy bien que hacer. Sin embargo, la organización demostró tenerlo todo previsto y enseguida los de la Cruz Roja se encargaron de todo y rápidamente vinieron las ambulancias a llevarse a los 2 heridos. Sin embargo, la batalla ya se había estropeado, y en más de un aspecto.
Todos sabemos que energúmenos los hay en todas partes. Es inevitable. También en las partidas de rol en vivo. Algunos jugadores se empleaban en las peleas con "demasiada" contundencia, otros no se daban por aludidos cuando los herían, etc. Todo esto no hubiera pasado a mayores, de no ser por los 2 accidentes, que -quiero insistir- fueron totalmente fortuitos, que magnificaron la situación. Eso y que la organización no aplicó tal como había dicho la regla de los 85 cm para las espadas. Las que fueran más largas de esa medida serían consideradas armas a dos manos y sus portadores no podrían llevar escudo. Sin embargo, se le dieron escudos a todos, independientemente de sus espadas. En mi opinión fue ese detalle el que incendió las iras de los Irmandiños y provocó todo el descontrol que vino a continuación. Como dije, debido a los accidentes, todas estas quejas por parte de los jugadores fueron magnificadas y llegaron a oídos de la organización, que de forma cautelar, decidió suspender el juego por lo que quedaba de tarde. Además, también decidieron terminar con las batallas masivas para evitar los excesos de algunos. En mi opinión, esto fue excesivo, porque si bien es cierto que los ánimos estaban algo encendidos entre los jugadores de cada bando, estoy totalmente convencido de que la cosa no hubiera ido a mayores si no llegan a ocurrir los 2 accidentes que ocurrieron.
Pese a todo, hasta que ocurrió lo que ocurrió, la batalla fue épica y hubiera sido una victoria nobiliaria absolutamente memorable por la perfección táctica con la que se consiguió. En ese sentido, aunque a nivel personal disfruté más la Batalla del Cruce, la Batalla de la Explanada fue, sin duda alguna, la mejor por la grandiosidad del enfrentamiento.


  • Cena y Conspiración
Tristes y cabizbajos por lo sucedido nos dirigimos al castillo. Los mercenarios nos refugiamos en el albergue ya que estaba lloviendo y allí pasamos el resto de la tarde socializando un poco. Las cartas de Pepino III ayudaron a mucho en esta tarea...
Y claro, con tanto tiempo disponible, pasó lo que tenía que pasar. Los mercenarios, junto con nuestro manual de jugador y demás material recibimos una tarjetita con nuestro objetivo colectivo. Como mercenarios que éramos estabamos donde estábamos porque Fonseca nos había prometido una paga diaria que llevábamos muchos días ya sin cobrar. Nuestras instrucciones decían que si el sábado no habíamos cobrado, que tal podríamos plantearnos el amotinarnos... Por supuesto, el sábado no nos pagaron lo que nos debían, de modo que empezaron a surgir algunas voces planteando la traición a Fonseca para irnos con los Irmandiños. Ahí comenzó todo el proceso de conspiración que tantas horas se prolongaría. Pero, en lo que fue la tarde, la única decisión que se tomó fue postergar la decisión para después de la cena.
Y con esas nos fuimos a cenar. Al igual que el viernes, el caballo metálico de Coren Grill nos trae pollo asado con patatas fritas. Pero, a diferencia del viernes, esta vez hay demasiada carne y pocas patatas... La cena del sábado nos permitió descubrir la aficción de Pepino X el Sabio por el pan, puesto que él solito se comió 2 bollos de pan. Otros, en vez de comérselo se dedicaron a hacer una guerra de pan entre las mesas, y al final fue Moreno quién acabó sufriendo las consecuencias de dicha guerra en sus carnes...
Esta noche no hubo gaiteiros ni ninguna otra actividad preparada por lo que, a eso de las once y poco, los mercenarios nos fuimos retirando de forma un tanto sospechosa, para ir todos a deliberar al albergue. Visto en perspectiva, tuvo que ser tremendamente cantoso para los soldados vernos marchar a todos juntos con aires conspirativos...
Ya en el albergue, y con la mayoría de los mercenarios allí reunidos comenzaron las largas conversaciones para decidir que hacer. Sin embargo, antes de llegar a tener ningún plan definitivo (aunque sí muchas ideas) apareció Pimentel -con su brazo en cabestrillo- con una cajita llena de maravedíes. Nunca supimos realmente cuántos maravedíes había en la caja (pese a algunos intentos por parte de Contable de contarlos...) pero Pimentel nos dijo que muchos, los suficientes para cubrir la paga que se nos debía y algo más. A cambio de ello, debíamos seguir fieles a Fonseca y defender el castillo. Esto provocó aún más disparidad en las opiniones del grupo, ya que unos querían quedarse el dinero y traicionar de todos modos a Fonseca, otros abogaban por permanecer fieles a nuestro señor ya que para eso nos pagaban, y otros queríamos traicionar a Fonseca, a los Irmandiños y quedarnos el castillo para nosotros. Sin duda, éste último hubiera sido el mejor plan y el que hubiéramos puesto en práctica de no ser porque tras los incidentes de por la tarde la organización iba a cambiar las reglas de batalla. Y eso nos estropeó toda nuestra estrategia. Desde el primer momento lo que estaba claro es que la traición estaba presente en el espirítu de nuestro grupo, pues para algo eramos jugadores mercenarios. Y claro, queríamos traicionar a toda costa. La cuestión era como hacerlo, si ir hasta el campamento Irmandiño por la mañana, o incluso por la noche, si unirse a los Irmandiños una vez estuvieran en el castillo... Al final, el debate sobre lo que íbamos a hacer el domingo se prolongó hasta altas horas de la madrugada y tras varias docenas de cambios de plan al final se decidió enviar a un par de nuestros hombres al campamento Irmandiño para negociar nuestra adhesión a ellos a cambio de un determinado precio. Nuestra traición tendría lugar por la mañana, para lo cual tendríamos que madrugar y estar muy atentos a los soldados para que no nos pillaran antes de poder huir del castillo. Una vez cerrado más o menos el plan, pudimos al fin dormir un poco, aunque muy poco de hecho.


(Continuará...)

Irmandiños: A Revolta
Crónicas de un mercenario (I)
Crónicas de un mercenario (III)

jueves, 28 de septiembre de 2006

Irmandiños: A Revolta - Crónicas de un mercenario (I)

Irmandiños: A Revolta es un juego de rol en vivo que se celebró en Verín este fin de semana pasado (del 22 al 24 de septiembre) y en la que, gracias a la insistencia de una amiga que me convenció para apuntarme, tuve ocasión de participar. Lo peculiar de este evento es que fue organizado y apoyado por la Xunta de Galicia, que además, se limitó a poner la pasta y dejar que los que saben de esto, en este caso la asociación 13negativo, corrieran con la organización y dirección del juego. Gracias a este inédito apoyo institucional, el precio estaba tirado: 24 euros (18 con Carnet Joven), que incluían la inscripción, el transporte hasta y desde Verín y las comidas. En este sentido, fue una auténtica pasada y hay que darle las gracias a la Xunta por apoyar este tipo de iniciativas, tan mal vistas por la opinión pública. Y además sin aprovechar para meter propaganda institucional ni nada por el estilo en ningún momento del evento. En lo único que se notó la mano de la Xunta (y más concretamente del BNG) fue en el texto del Manual del Jugador que pecaba de un excesivo revisionismo histórico y ciertos anacronismos. Pero quitando eso, dejaron total libertad a la gente de 13negativo para organizar el evento a su medida.

  • Contexto histórico
El trasfondo de la partida es la historia real de una batalla que tuvo lugar en el Castillo de Monterrei en el siglo XV, en el contexto de la Segunda Revolta Irmandiña. En esta batalla se enfrentaban dos bandos muy distintos. Por un lado el Ejército Nobiliario (o Malfeitores en la partida) formado a su vez por 3 ejércitos aliados: los soldados del Ejército del vizconde Diego de Zúñiga, señor del castillo y de las tierras de Monterrei; los soldados del Arzobispo Fonseca, que regresa con su ejército a Galicia para intentar recuperar sus tierras; y el ejército de Xoán Pimentel, hermano del Conde de Benavente, formado por mercenarios castellanos contratados para ayudar a la tropas de Fonseca. En el otro bando, el Ejército Irmandiño, formado por campesinos, pescadores, mendigos, monjes, burgueses, bachilleres, hidalgos, etc. venidos de toda Galicia para ayudar a la causa Irmandiña, que pretendía derrocar el sistema feudal y entregar las tierras a sus legítimos propietarios, esto es, a los campesinos y labriegos. El contexto de la batalla transcurre en 1469, cuando el rey Henrique IV de Castilla permite a los nobles gallegos que habían sido expulsados de sus feudos por la Segunda Revolta Irmandiña regresar para recuperar sus antiguos dominios. En esta coyuntura, la vanguardia del Ejército Nobiliario entra en Galicia por el Sureste y se refugia en el Castillo de Monterrei, a la espera de recibir más refuerzos para marchar hacia Santiago de Compostela, donde tendrá lugar la batalla decisiva contra las tropas Irmandiñas. La Historia en el Mundo Real(TM) fue cruel con la esperanza una vez más, y el Ejército Nobiliario fue capaz de resistir el asedio del castillo y posteriormente llegar a Santiago y derrotar a los Irmandiños.

En el juego, mis amigos Adrián, Miguel, Sandra, Ruth y yo nos inscribimos como jugadores en el bando de los Malfeitores, como mercenarios de Pimentel. La elección de bando fue motivada sobre todo porque si te apuntabas en los Malfeitores te daban el traje y el escudo, mientras que si lo hacías en el de los Irmandiños tenías que ir disfrado de casa y llevar tu propio escudo. Y dentro de los Malfeitores, optamos por los mercenarios un tanto aleatoriamente, aunque a la postre, resultó ser una elección perfecta. Para más inri, a mí me convencieron para ir en el último momento y reservé mi plaza el último día y casi acabando el plazo, pese a lo cual cogí la última plaza que quedaba en el Ejército de Pimentel. Lo que sí teníamos que llevar de casa todos los jugadores era una espada hecha con las instrucciones proporcionadas por la organización, y opcionalmente una daga o un escudo propio. Todo ello por supuesto, hecho de tal modo que no pudiese hacer daño de verdad, aunque al final, muchos fueron los que "flexibilizaron" en exceso las instrucciones e hicieron espadas un tanto ilegales en cuanto a sus dimensiones.
La organización había preparado el juego para 500 jugadores, 300 en los Irmandiños y 200 en los Malfeitores, aunque al final, quizá debido a qe era la primera edición o quizá debido al mal tiempo del fin de semana que echó para atrás a muchos de los que ya se habían inscrito, no llegamos a ser ni la mitad, por lo que los Irmandiños acabaron siendo menos que los Malfeitores, detalle que, en mi opinión, afectó un poco negativamente al juego.

  • Preliminares matutinos
El viernes a las 10 de la mañana salimos de Santiago hacia Verín en 2 autobuses (fuimos la ciudad que más jugadores aportó, por encima de Coruña o Vigo). En mi caso, tuve que hacer primero un recado en la otra punta de la ciudad y luego cogí el bus urbano hasta la estación de buses. Por el camino, tanto en el bus como por la calle, la gente me miraba raro o se quedaba murmurando no muy discretamenta a la vista de mi "espada", que dadas sus dimensiones (86 cm de largo) tuve que llevar fuera de la mochila. Por suerte, a mitad de ruta del bus urbano se subieron varios jugadores más que iban a participar en el bando de los Irmandiños y que pese a lo temprano de la hora, iban ya un tanto achispados tras "varias cuncas de viño" según sus propias palabras (por supuesto, todo fue en aras de meterse mejor en el papel de campesinos). Eso desvió bastante la atención de mí y me hizo sentir algo más relajado al saber que no era el único pirado del bus... . Con el tiempo un tanto justo, llegué a la estación de autobuses de Santiago y me tranquilicé aún más al ver todo aquello lleno de frikis pululando por ahí con sus espadas en la mochila, ante las extrañadas miradas de los demás viajeros, que debieron quedarse aliviados cuando nos vieron partir a todos juntos...

  • Llegada y entrenamiento vespertino
Tras 2 horas y pico de autobús, finalmente llegamos al castillo donde íbamos a pasar un fin de semana inolvidable. A los que jugabamos como Malfeitores nos dejaron a las puertas del castillo de Monterrei, pero a los que jugaban como Irmandiños se los llevó el bus a su campamento, que para sorpresa de todos, resultó estar en un bosquecillo a 4 km del castillo.
El castillo es bastante impresionante por fuera, rodeado por una importante muralla y situado en lo alto de una colina bastante empinada que tuvimos que subir los Malfeitores con nuestros equipajes a la espalda. Por dentro en cambio, no era especialmente grande para lo que yo esperaba, pero sí que parece ser que es uno de los castillos más grandes de Galicia según me comentaron otros jugadores. Una vez dentro del patio de armas del castillo, los organizadores nos dieron las primeras instrucciones, y recibimos nuestro equipo para la partida: un plato y una cunca de barro, 5 maravedís y los flamantes tabardos y escudos. También, pese a lo temprano de la hora nos dieron el primer bocadillo del fin de semana, ya que la tarde iba a ser larga. Los tabardos estaban muy logrados, aunque no tanto los escudos de carton pluma, que con la lluvia que tuvimos el fin de semana se rompían muy facilmente. El equipo de los mercenarios resultó ser rojo y blanco, y personalmente, creo que era el más bonito.
La gente estaba bastante "ansiosa" y enseguida comenzaron a vestirse con los tabardos y se pusieron a hacer duelos y entrenamientos con la espada mientras esperaban a que llegaran todos los autobuses y diese comienzo el juego. El nivel de frikismo en ese momento alcanzó cotas elevadísimas...
Una vez comidos y equipados, se nos presentaron a los diversos PNJs que nos dirigirían a cada grupo durante el juego: Fonseca, Zúñiga, Pimentel, etc. Los mercenarios, a diferencia de los soldados, no tuvimos ningún jefe de armas, sino que fuimos dirigidos directamente por Pimentel, quién no solo hizo su personaje de fábula sino que a nivel personal también se portó estupendamente con nosotros. Quiero mencionar aquí que en el discurso de bienvenida que nos dio el Vizconde Diego de Zúñiga nos prometió licor café, promesa que no se vio cumplida durante la partida...
Hechas las presentaciones, lo primero que hicimos dentro de la partida fue bajar al campo de entrenamiento para hacer distintas pruebas que servirían para elegir a los comandanes y por supuesto, para entrenar de cara a los enfrentamientos con los Irmandiños. Así, hubo carreras, luchas con espada, tiro al arco y lucha a lo gladiador sobre un tronco. En cada prueba, los ganadores eran recompensados con un número determinado de garbanzos, de forma que los comandanes serían los que más garbanzos obtuvieran.
Pero las pruebas no sólo sirvieron para acumular garbanzos sino que también fueron el origen del odio a los de Zúñiga y las rencillas con los de Fonseca. La organización lo tenía más o menos preparado para que casi espóntaneamente surgieran roces entre los mercenarios y los soldados, haciendo por ejemplo que siempre que los mercenarios queríamos usar una parte del campo de entrenamiento para hacer alguna parte, ya estuviera ocupada por alguno de los otros ejércitos.

  • Odio a Zúñiga y Justa por el Castillo
Es increíble como a partir de una semilla tan nimia como unos cuantos piques en los entrenamientos acabó surgiendo un odio visceral (siempre en el juego, por supuesto) hacia los de Zúñiga, que enseguida pasaron a llamarse zúñigos y casi inmediatamente "bóñigos".
Una vez finalizados los entrenamientos, nos llevaron de vuelta al patio de armas del castillo donde el Arzobispo Fonseco nos soltó otro discursito y para sorpresa de todos reta a Zúñiga a una justa entre caballeros apostándose el castillo y las tierras del feudo de Monterrei. Zúñiga acepta y rápidamente llegan al castillo varios caballeros con sus caballos, estandartes y demás parafernalia. Muy impresionante todo. Así pues tocó caminata otra vez hasta el campo de entrenamiento, donde tendría lugar la justa. Para que pudieramos disfrutarla cómodamente había unas gradas dispuestas a tal efecto, y en las que una vez más se volvieron a vivir momentos de tensión entre los mercenarios y los soldados de Zúñiga, ya que nos vimos obligados a compartir la grada con ellos y hubo mucha guerra de gritos, incluso con un "¡Muerte a Zúñiga!" que se le escapó a uno de los mercenarios (que todos sabemos quién es, pero no vamos a decir su nombre)...
Viendo a la gente en las gradas tuvimos ocasión de apreciar la distribución del ejército Nobiliario: los de Zúñiga eran poco más de 20, los mercenarios éramos unos 40 y los de Fonseca eran los más numerosos, unos 50. El hecho de que los de Zúñiga fuesen minoría también facilitó el odio hacia su ejército, ya que el juego estaba pensado por los organizadores para 100 soldados de Fonseca, 100 soldados de Zúñiga y 50 mercenarios de Pimentel, de modo que supongo que los "apestados" del castillo deberíamos haber sido los mercenarios y no los zúñigos.
Con la excusa de lo mal que nos caían los zúñigos a alguien se le ocurrió hacer una apuesta a propósito de la justa, y así todos los mercenarios pusimos un marevedí de nuestro bolsillo para apostar por la victoria del caballero de Fonseca. Los zúñigos apostaron por la victoria del caballero de Zúñiga y los de Fonseca no quisieron participar en la apuesta. Todo estos preliminares tuvieron lugar mientras esperábamos ya que la justa se hizo de rogar bastante tiempo. Durante ese tiempo había algunos turistas visitando el castillo que bajaron también a ver qué demonios ocurría y que debían estar flipando de ver a toda aquella gente vestida con tabardos y gritando unos contra otros...
Después de mucho esperar, al fin aparecieron unas damas vestidas de época y un señor que iba a hacer de juez de la justa. Los actores que hacían de caballeros se pusieron manos a la obra reconociendo el terreno con sus caballos durante bastante rato. Al final, de forma bastante descarada se pusieron de acuerdo para acordar lo que iban a hacer y por fin comenzó la contienda. Lógicamente no fue una justa "de verdad" como en las películas, con los caballeros tirándose unos a otros de sus caballos. En este caso, el caballero que conseguía romper su lanza contra el escudo del otro, hacía un punto. Tras varias pasadas, la cosa acabó en empate y el juez de la contienda decidió que se resolviera la justa en una lucha a pie con las espadas. La pelea entre ambos caballeros fue casi más espectacular que los duelos a caballo, ya que luchaban con espadas de verdad y dieron un verdadero espectácula, con triquiñuelas muy "de época" como arrojar tierra a los ojos del adversario. La verdad es que al principio de la pelea estaba casi convencido de que iba a perder mi maravedí en la apuesta, puesto que el caballero de Fonseca era un tío algo mayor y con barriga, mientras que el de Zúñiga era joven y fuerte. Pero, gracias a que la pelea estaba ya preparada de antemano, el vencedor, tras unos momentos finales vibrantes, fue el caballero de Fonseca. Gracias a él, el Arzobispo pasó a ser el señor del castillo y las tierras de Zúñiga, para gran regocijo de los mercenarios.

  • Nace la leyenda de los Pepinos y su valiente Comandante Ana de los Pepinos
Tras la justa fuimos conducidos a las tiendas, que tras los preparativos de última hora estaban ya listas para que nos instalaramos en ellas. Los mercenarios teníamos asignadas 5 tiendas, repartidas en un grupo de 3 pegadas y otro de 2. Mis amigos y yo nos fuimos al grupo de 2 tiendas. Contrariamente a lo que nos habían dicho, las tiendas no eran de 10, sino de 8, de modo que en nuestras 2 tiendas estábamos 16 personas. La organización nos había dicho que los comandos se corresponderían con la gente que durmiera en cada tienda así que empezamos haciendo un comando de 8 personas con los que estábamos en nuestra tienda. Lo primero fue elegir comandante, que resultó ser una elección reñida ya que que tanto Ruth como Jose (futuro Pepino III) tenían 11 garbanzos cada uno. Jose sugirió resolverlo a la carta más alta, ya que como buen universitario siempre equipado había traído su baraja de emergencia. Ruth sacó un 5 y Jose un 4, y así fue como Ruth (en adelante Ana, su nombre de personaje) se convirtió en comandante para sorpresa de unos cuantos. Una vez solucionado el asunto del mando, tocó decidir el nombre del comando, que nuevamente resultó ser una elección difícil. Tras barajar varios nombres, la elección final quedó entre "Pepinos" y "X Comando", con 4 votos contra 4. Mientras elegíamos nombre llegaron a la tienda de al lado 2 mercenarios más que pasaban a formar parte de nuestro comando. Su voto tampocó aportó novedad, ya que cada uno votó un nombre y pasamos a ser 5 contra 5. Al final, la comandante Ana tomó su primera decisión importante y decidió que nos llamáramos Pepinos, aunque a ella no le hacía mucha ilusión el nombre. Decidido el nombre surgió la brillante idea (vale sí, fue idea mía) de numerarnos para una mejor comunicación intra-comando. Y así es como el Comando Pepino quedó formado por estos 10 valientes:
  1. Comandante Ana "la de los Pepinos" (Pepina I)
  2. Yo mismo (Pepino II)
  3. Jose (Pepino III)
  4. Goran (Pepino IV)
  5. Sandra (Pepina V)
  6. Adrián "Moreno" (Pepino VI)
  7. Miguel (Pepino VII)
  8. Jorge "Diz" (Pepino VIII)
  9. Raúl (Pepino IX)
  10. Manuel (Pepino X "el Sabio")
Dado que en las 2 tiendas donde estábamos solo había sitio para 16, nuestros vecinos solo pudieron formar medio comando con 6 personas, a las que posteriormente se les unieron otras 4 del otro grupo de tiendas. Estas 6 personas, en una elección tanto o más sorprendente que la nuestra decidieron denominarse Comando A Distancia. En este grupo de gente estaban personas tan importantes como "Contable" o como Viriato (¡qué putada!) que llegó a ser acogido en nuestro seno como Pepino honorario XI. Lamentablemente las otras 4 personas que se les unieron ya habían elegido su propio nombre y comandante de modo que nuestros vecinos pasaron a formar parte del Comando de los Valientes de Corso, cuyo comandante era Corso, claro. Pero, para nosotros ellos siempre fueron el Subcomando A Distancia y a los 16 nos encantaba presentarnos como los Pepinos A Distancia. A lo largo del fin de semana tendríamos ocasión de luchar juntos en varias batallas.
Los otros 2 comandos se denominaron "Archeron" y "Conachos", aunque estos últimos cambiaron el nombre original por el de "Bárbaros de Conan" en una decisión incomprensible.


  • ¡Que vienen los Irmandiños!
Avanzada la tarde, la organización decidió trasladar a los jugadores fuera de las tiendas, ya que la noche amenazaba lluvia (y efectivamente, llovió de madrugada) y las tiendas no eran más que lonas con aberturas por todos los costados. Los soldados, tanto los de Zúñiga como los de Fonseca, fueron alojados en el castillo. A los mercenarios nos metieron en el albergue, antiguo hospital de peregrinos del castillo. No llegué a ver donde estaban los soldados, pero los mercenarios estuvimos totalmente hacinados, porque el sitio era muy pequeño para los 40 que éramos. De todas formas todo el mundo lo llevó muy bien y nos organizamos a la perfección, así que a pesar de todo estuvimos de puta madre. Además, el albergue nos servía de centro de reuniones, donde podíamos hablar y conspirar (cosa que hicimos, y mucho) con total tranquilidad.
Pero, antes de nuestro traslado al albergue, media hora después del anochecer surgió la alarma. Los vigías de la torre habían avistado a los Irmandiños dirigiéndose hacia el castillo. Lo curioso es que justo antes de saltar la alarma, yo me fui tranquilamente al baño con Viri. Se da la circunstancia de que ninguno de los dos había ido al baño en todo el día. Pues fue ir nosotros al baño y dar la alarma justo cuando volvíamos. Hay que tener mala leche...
El ataque nos sorprendió porque a esas horas estabamos todos esperando para cenar, ya que la organización estaba preparando las mesas en el patio de armas del castillo. Aún no sabíamos que esa iba a ser la tónica habitual de todo el fin de semana. A la hora de las comidas, ataque Irmandiño.
Una vez dada la alarma todos corrimos a las tiendas a coger los escudos y las espadas para formar en la explanada del castillo, donde nos esperaban nuestros jefes. Una vez allí, todos echamos una ojeada al horizonte a ver que ocurría. Y lo cierto es que era una vista impresionante. En plena noche, una larga fila de luces avanzaba en la oscuridad hacia el castillo. Por supuesto, en ese momento aún no sabíamos que los Irmandiños eran menos que nosotros y estábamos todos acojonados gracias a los rumores que empezaron a circular diciendo que había 5 Irmandiños por cada antorcha. Yo no sé si estaba todo preparado o fue improvisado, pero incluso los PNJs parecían tan sorpendidos y nerviosos como nosotros. Al final, resultó que los Irmandiños solo venían a parlamentar y a exigir la rendición del castillo y no a luchar. La vista de los Irmandiños desde el castillo impresionaba, aunque las presuntas antorchas resultaron ser velas grandes, y cada Irmandiño llevaba su vela, nada de 5 por luz. Así pues, todo lo que ocurrió fue que el Arzobispo se asomó desde lo alto para decirle al jefe de los Irmandiños, Alonso de Lanzós, que de rendirse nada de nada, que si querían el castillo tendrían que conquistarlo por la fuerza. Casi se puede decir que fue un poco decepcionante que no hubiera pelea, pero la adrenalina del susto que nos llevamos todos pensando que ibamos a sufrir un ataque inminente fue una sensación impagable. Eso sí, insultos e improperios no faltaron entre los jugadores de cada bando...

  • Cena y baile medieval
Una vez terminado el intercambio dialéctico entre el Arzobispo Fonseca y Alonso de Lanzós, los Irmandiños se fueron a su campamento y nosotros nos fuimos a cenar. Las mesas eran de 10, una para cada comando, lo que fomentó que los miembros de cada comando nos conocieramos mejor entre nosotros. La cena fue traída en un caballo de hierro (furgoneta) de Coren Grill y en cada mesa nos dejaron una caja con 2 bandejas de churrasco con patatas. Quitando el detalle del caballo de hierro, el carton de las cajas y el aluminio de las bandejas, era todo muy medieval puesto que no teníamos ni cubiertos ni servilletas. Tuvimos que comer a pelo, con las manos. Y aunque el churrasco estaba frío, todos disfrutamos de la cena como si fuera un manjar tras el "duro" día que habíamos tenido. Por supuesto, en una cena medieval no podía faltar el vino y la organización nos proporcionó un par de botellas de vino para cada mesa. No daba para mucho, pero algo es algo, e incluso alguno se achispó más de la cuenta...
Para amenizar la cena tuvimos un pequeño grupo de gaiteros vestidos con sus trajes folclóricos. Y aunque la cosa no empezó muy animada, al acabar la cena casi todo el mundo se animó a bailar. Algunos por impulso propio y el resto, animados por los primeros. Así pues, el jefe de los gaiteros se animó y empezó a organizar el baile al estilo medieval: los hombres a un lado, las mujeres a otros y ala a hacer mariconaditas varias. La que más éxito tuvo fue sin duda la del túnel, que consistía en que la pareja del extremo se metía en el túnel que le hacía el resto y corría hasta el otro extremo y así todo seguido, unos detrás de otros, por lo que todo el grupo se movía de un lado a otro en un plis plas. La fiesta se prolongó hasta la una de la madrugada más o menos y todos disfrutamos como enanos.
Después del baile, los mercenarios bajamos a las tiendas y procedimos a hacer la "mudanza", llevándonos los colchones y los enseres de cada uno hasta el albergue, donde nos distribuimos como buenamente pudimos en el reducido espacio del que disponíamos. La escasez de espacio propició que en vez de dormir inmediatamente hubiese charla y diversión hasta tarde. Es toda una experiencia dormir con 40 personas a la vez: ronquidos, susurros, risitas, uno que se levanta para ir al baño...


(Continuará...)

Irmandiños: A Revolta
Crónicas de un mercenario (II)
Crónicas de un mercenario (III)