jueves, 28 de septiembre de 2006

Irmandiños: A Revolta - Crónicas de un mercenario (I)

Irmandiños: A Revolta es un juego de rol en vivo que se celebró en Verín este fin de semana pasado (del 22 al 24 de septiembre) y en la que, gracias a la insistencia de una amiga que me convenció para apuntarme, tuve ocasión de participar. Lo peculiar de este evento es que fue organizado y apoyado por la Xunta de Galicia, que además, se limitó a poner la pasta y dejar que los que saben de esto, en este caso la asociación 13negativo, corrieran con la organización y dirección del juego. Gracias a este inédito apoyo institucional, el precio estaba tirado: 24 euros (18 con Carnet Joven), que incluían la inscripción, el transporte hasta y desde Verín y las comidas. En este sentido, fue una auténtica pasada y hay que darle las gracias a la Xunta por apoyar este tipo de iniciativas, tan mal vistas por la opinión pública. Y además sin aprovechar para meter propaganda institucional ni nada por el estilo en ningún momento del evento. En lo único que se notó la mano de la Xunta (y más concretamente del BNG) fue en el texto del Manual del Jugador que pecaba de un excesivo revisionismo histórico y ciertos anacronismos. Pero quitando eso, dejaron total libertad a la gente de 13negativo para organizar el evento a su medida.

  • Contexto histórico
El trasfondo de la partida es la historia real de una batalla que tuvo lugar en el Castillo de Monterrei en el siglo XV, en el contexto de la Segunda Revolta Irmandiña. En esta batalla se enfrentaban dos bandos muy distintos. Por un lado el Ejército Nobiliario (o Malfeitores en la partida) formado a su vez por 3 ejércitos aliados: los soldados del Ejército del vizconde Diego de Zúñiga, señor del castillo y de las tierras de Monterrei; los soldados del Arzobispo Fonseca, que regresa con su ejército a Galicia para intentar recuperar sus tierras; y el ejército de Xoán Pimentel, hermano del Conde de Benavente, formado por mercenarios castellanos contratados para ayudar a la tropas de Fonseca. En el otro bando, el Ejército Irmandiño, formado por campesinos, pescadores, mendigos, monjes, burgueses, bachilleres, hidalgos, etc. venidos de toda Galicia para ayudar a la causa Irmandiña, que pretendía derrocar el sistema feudal y entregar las tierras a sus legítimos propietarios, esto es, a los campesinos y labriegos. El contexto de la batalla transcurre en 1469, cuando el rey Henrique IV de Castilla permite a los nobles gallegos que habían sido expulsados de sus feudos por la Segunda Revolta Irmandiña regresar para recuperar sus antiguos dominios. En esta coyuntura, la vanguardia del Ejército Nobiliario entra en Galicia por el Sureste y se refugia en el Castillo de Monterrei, a la espera de recibir más refuerzos para marchar hacia Santiago de Compostela, donde tendrá lugar la batalla decisiva contra las tropas Irmandiñas. La Historia en el Mundo Real(TM) fue cruel con la esperanza una vez más, y el Ejército Nobiliario fue capaz de resistir el asedio del castillo y posteriormente llegar a Santiago y derrotar a los Irmandiños.

En el juego, mis amigos Adrián, Miguel, Sandra, Ruth y yo nos inscribimos como jugadores en el bando de los Malfeitores, como mercenarios de Pimentel. La elección de bando fue motivada sobre todo porque si te apuntabas en los Malfeitores te daban el traje y el escudo, mientras que si lo hacías en el de los Irmandiños tenías que ir disfrado de casa y llevar tu propio escudo. Y dentro de los Malfeitores, optamos por los mercenarios un tanto aleatoriamente, aunque a la postre, resultó ser una elección perfecta. Para más inri, a mí me convencieron para ir en el último momento y reservé mi plaza el último día y casi acabando el plazo, pese a lo cual cogí la última plaza que quedaba en el Ejército de Pimentel. Lo que sí teníamos que llevar de casa todos los jugadores era una espada hecha con las instrucciones proporcionadas por la organización, y opcionalmente una daga o un escudo propio. Todo ello por supuesto, hecho de tal modo que no pudiese hacer daño de verdad, aunque al final, muchos fueron los que "flexibilizaron" en exceso las instrucciones e hicieron espadas un tanto ilegales en cuanto a sus dimensiones.
La organización había preparado el juego para 500 jugadores, 300 en los Irmandiños y 200 en los Malfeitores, aunque al final, quizá debido a qe era la primera edición o quizá debido al mal tiempo del fin de semana que echó para atrás a muchos de los que ya se habían inscrito, no llegamos a ser ni la mitad, por lo que los Irmandiños acabaron siendo menos que los Malfeitores, detalle que, en mi opinión, afectó un poco negativamente al juego.

  • Preliminares matutinos
El viernes a las 10 de la mañana salimos de Santiago hacia Verín en 2 autobuses (fuimos la ciudad que más jugadores aportó, por encima de Coruña o Vigo). En mi caso, tuve que hacer primero un recado en la otra punta de la ciudad y luego cogí el bus urbano hasta la estación de buses. Por el camino, tanto en el bus como por la calle, la gente me miraba raro o se quedaba murmurando no muy discretamenta a la vista de mi "espada", que dadas sus dimensiones (86 cm de largo) tuve que llevar fuera de la mochila. Por suerte, a mitad de ruta del bus urbano se subieron varios jugadores más que iban a participar en el bando de los Irmandiños y que pese a lo temprano de la hora, iban ya un tanto achispados tras "varias cuncas de viño" según sus propias palabras (por supuesto, todo fue en aras de meterse mejor en el papel de campesinos). Eso desvió bastante la atención de mí y me hizo sentir algo más relajado al saber que no era el único pirado del bus... . Con el tiempo un tanto justo, llegué a la estación de autobuses de Santiago y me tranquilicé aún más al ver todo aquello lleno de frikis pululando por ahí con sus espadas en la mochila, ante las extrañadas miradas de los demás viajeros, que debieron quedarse aliviados cuando nos vieron partir a todos juntos...

  • Llegada y entrenamiento vespertino
Tras 2 horas y pico de autobús, finalmente llegamos al castillo donde íbamos a pasar un fin de semana inolvidable. A los que jugabamos como Malfeitores nos dejaron a las puertas del castillo de Monterrei, pero a los que jugaban como Irmandiños se los llevó el bus a su campamento, que para sorpresa de todos, resultó estar en un bosquecillo a 4 km del castillo.
El castillo es bastante impresionante por fuera, rodeado por una importante muralla y situado en lo alto de una colina bastante empinada que tuvimos que subir los Malfeitores con nuestros equipajes a la espalda. Por dentro en cambio, no era especialmente grande para lo que yo esperaba, pero sí que parece ser que es uno de los castillos más grandes de Galicia según me comentaron otros jugadores. Una vez dentro del patio de armas del castillo, los organizadores nos dieron las primeras instrucciones, y recibimos nuestro equipo para la partida: un plato y una cunca de barro, 5 maravedís y los flamantes tabardos y escudos. También, pese a lo temprano de la hora nos dieron el primer bocadillo del fin de semana, ya que la tarde iba a ser larga. Los tabardos estaban muy logrados, aunque no tanto los escudos de carton pluma, que con la lluvia que tuvimos el fin de semana se rompían muy facilmente. El equipo de los mercenarios resultó ser rojo y blanco, y personalmente, creo que era el más bonito.
La gente estaba bastante "ansiosa" y enseguida comenzaron a vestirse con los tabardos y se pusieron a hacer duelos y entrenamientos con la espada mientras esperaban a que llegaran todos los autobuses y diese comienzo el juego. El nivel de frikismo en ese momento alcanzó cotas elevadísimas...
Una vez comidos y equipados, se nos presentaron a los diversos PNJs que nos dirigirían a cada grupo durante el juego: Fonseca, Zúñiga, Pimentel, etc. Los mercenarios, a diferencia de los soldados, no tuvimos ningún jefe de armas, sino que fuimos dirigidos directamente por Pimentel, quién no solo hizo su personaje de fábula sino que a nivel personal también se portó estupendamente con nosotros. Quiero mencionar aquí que en el discurso de bienvenida que nos dio el Vizconde Diego de Zúñiga nos prometió licor café, promesa que no se vio cumplida durante la partida...
Hechas las presentaciones, lo primero que hicimos dentro de la partida fue bajar al campo de entrenamiento para hacer distintas pruebas que servirían para elegir a los comandanes y por supuesto, para entrenar de cara a los enfrentamientos con los Irmandiños. Así, hubo carreras, luchas con espada, tiro al arco y lucha a lo gladiador sobre un tronco. En cada prueba, los ganadores eran recompensados con un número determinado de garbanzos, de forma que los comandanes serían los que más garbanzos obtuvieran.
Pero las pruebas no sólo sirvieron para acumular garbanzos sino que también fueron el origen del odio a los de Zúñiga y las rencillas con los de Fonseca. La organización lo tenía más o menos preparado para que casi espóntaneamente surgieran roces entre los mercenarios y los soldados, haciendo por ejemplo que siempre que los mercenarios queríamos usar una parte del campo de entrenamiento para hacer alguna parte, ya estuviera ocupada por alguno de los otros ejércitos.

  • Odio a Zúñiga y Justa por el Castillo
Es increíble como a partir de una semilla tan nimia como unos cuantos piques en los entrenamientos acabó surgiendo un odio visceral (siempre en el juego, por supuesto) hacia los de Zúñiga, que enseguida pasaron a llamarse zúñigos y casi inmediatamente "bóñigos".
Una vez finalizados los entrenamientos, nos llevaron de vuelta al patio de armas del castillo donde el Arzobispo Fonseco nos soltó otro discursito y para sorpresa de todos reta a Zúñiga a una justa entre caballeros apostándose el castillo y las tierras del feudo de Monterrei. Zúñiga acepta y rápidamente llegan al castillo varios caballeros con sus caballos, estandartes y demás parafernalia. Muy impresionante todo. Así pues tocó caminata otra vez hasta el campo de entrenamiento, donde tendría lugar la justa. Para que pudieramos disfrutarla cómodamente había unas gradas dispuestas a tal efecto, y en las que una vez más se volvieron a vivir momentos de tensión entre los mercenarios y los soldados de Zúñiga, ya que nos vimos obligados a compartir la grada con ellos y hubo mucha guerra de gritos, incluso con un "¡Muerte a Zúñiga!" que se le escapó a uno de los mercenarios (que todos sabemos quién es, pero no vamos a decir su nombre)...
Viendo a la gente en las gradas tuvimos ocasión de apreciar la distribución del ejército Nobiliario: los de Zúñiga eran poco más de 20, los mercenarios éramos unos 40 y los de Fonseca eran los más numerosos, unos 50. El hecho de que los de Zúñiga fuesen minoría también facilitó el odio hacia su ejército, ya que el juego estaba pensado por los organizadores para 100 soldados de Fonseca, 100 soldados de Zúñiga y 50 mercenarios de Pimentel, de modo que supongo que los "apestados" del castillo deberíamos haber sido los mercenarios y no los zúñigos.
Con la excusa de lo mal que nos caían los zúñigos a alguien se le ocurrió hacer una apuesta a propósito de la justa, y así todos los mercenarios pusimos un marevedí de nuestro bolsillo para apostar por la victoria del caballero de Fonseca. Los zúñigos apostaron por la victoria del caballero de Zúñiga y los de Fonseca no quisieron participar en la apuesta. Todo estos preliminares tuvieron lugar mientras esperábamos ya que la justa se hizo de rogar bastante tiempo. Durante ese tiempo había algunos turistas visitando el castillo que bajaron también a ver qué demonios ocurría y que debían estar flipando de ver a toda aquella gente vestida con tabardos y gritando unos contra otros...
Después de mucho esperar, al fin aparecieron unas damas vestidas de época y un señor que iba a hacer de juez de la justa. Los actores que hacían de caballeros se pusieron manos a la obra reconociendo el terreno con sus caballos durante bastante rato. Al final, de forma bastante descarada se pusieron de acuerdo para acordar lo que iban a hacer y por fin comenzó la contienda. Lógicamente no fue una justa "de verdad" como en las películas, con los caballeros tirándose unos a otros de sus caballos. En este caso, el caballero que conseguía romper su lanza contra el escudo del otro, hacía un punto. Tras varias pasadas, la cosa acabó en empate y el juez de la contienda decidió que se resolviera la justa en una lucha a pie con las espadas. La pelea entre ambos caballeros fue casi más espectacular que los duelos a caballo, ya que luchaban con espadas de verdad y dieron un verdadero espectácula, con triquiñuelas muy "de época" como arrojar tierra a los ojos del adversario. La verdad es que al principio de la pelea estaba casi convencido de que iba a perder mi maravedí en la apuesta, puesto que el caballero de Fonseca era un tío algo mayor y con barriga, mientras que el de Zúñiga era joven y fuerte. Pero, gracias a que la pelea estaba ya preparada de antemano, el vencedor, tras unos momentos finales vibrantes, fue el caballero de Fonseca. Gracias a él, el Arzobispo pasó a ser el señor del castillo y las tierras de Zúñiga, para gran regocijo de los mercenarios.

  • Nace la leyenda de los Pepinos y su valiente Comandante Ana de los Pepinos
Tras la justa fuimos conducidos a las tiendas, que tras los preparativos de última hora estaban ya listas para que nos instalaramos en ellas. Los mercenarios teníamos asignadas 5 tiendas, repartidas en un grupo de 3 pegadas y otro de 2. Mis amigos y yo nos fuimos al grupo de 2 tiendas. Contrariamente a lo que nos habían dicho, las tiendas no eran de 10, sino de 8, de modo que en nuestras 2 tiendas estábamos 16 personas. La organización nos había dicho que los comandos se corresponderían con la gente que durmiera en cada tienda así que empezamos haciendo un comando de 8 personas con los que estábamos en nuestra tienda. Lo primero fue elegir comandante, que resultó ser una elección reñida ya que que tanto Ruth como Jose (futuro Pepino III) tenían 11 garbanzos cada uno. Jose sugirió resolverlo a la carta más alta, ya que como buen universitario siempre equipado había traído su baraja de emergencia. Ruth sacó un 5 y Jose un 4, y así fue como Ruth (en adelante Ana, su nombre de personaje) se convirtió en comandante para sorpresa de unos cuantos. Una vez solucionado el asunto del mando, tocó decidir el nombre del comando, que nuevamente resultó ser una elección difícil. Tras barajar varios nombres, la elección final quedó entre "Pepinos" y "X Comando", con 4 votos contra 4. Mientras elegíamos nombre llegaron a la tienda de al lado 2 mercenarios más que pasaban a formar parte de nuestro comando. Su voto tampocó aportó novedad, ya que cada uno votó un nombre y pasamos a ser 5 contra 5. Al final, la comandante Ana tomó su primera decisión importante y decidió que nos llamáramos Pepinos, aunque a ella no le hacía mucha ilusión el nombre. Decidido el nombre surgió la brillante idea (vale sí, fue idea mía) de numerarnos para una mejor comunicación intra-comando. Y así es como el Comando Pepino quedó formado por estos 10 valientes:
  1. Comandante Ana "la de los Pepinos" (Pepina I)
  2. Yo mismo (Pepino II)
  3. Jose (Pepino III)
  4. Goran (Pepino IV)
  5. Sandra (Pepina V)
  6. Adrián "Moreno" (Pepino VI)
  7. Miguel (Pepino VII)
  8. Jorge "Diz" (Pepino VIII)
  9. Raúl (Pepino IX)
  10. Manuel (Pepino X "el Sabio")
Dado que en las 2 tiendas donde estábamos solo había sitio para 16, nuestros vecinos solo pudieron formar medio comando con 6 personas, a las que posteriormente se les unieron otras 4 del otro grupo de tiendas. Estas 6 personas, en una elección tanto o más sorprendente que la nuestra decidieron denominarse Comando A Distancia. En este grupo de gente estaban personas tan importantes como "Contable" o como Viriato (¡qué putada!) que llegó a ser acogido en nuestro seno como Pepino honorario XI. Lamentablemente las otras 4 personas que se les unieron ya habían elegido su propio nombre y comandante de modo que nuestros vecinos pasaron a formar parte del Comando de los Valientes de Corso, cuyo comandante era Corso, claro. Pero, para nosotros ellos siempre fueron el Subcomando A Distancia y a los 16 nos encantaba presentarnos como los Pepinos A Distancia. A lo largo del fin de semana tendríamos ocasión de luchar juntos en varias batallas.
Los otros 2 comandos se denominaron "Archeron" y "Conachos", aunque estos últimos cambiaron el nombre original por el de "Bárbaros de Conan" en una decisión incomprensible.


  • ¡Que vienen los Irmandiños!
Avanzada la tarde, la organización decidió trasladar a los jugadores fuera de las tiendas, ya que la noche amenazaba lluvia (y efectivamente, llovió de madrugada) y las tiendas no eran más que lonas con aberturas por todos los costados. Los soldados, tanto los de Zúñiga como los de Fonseca, fueron alojados en el castillo. A los mercenarios nos metieron en el albergue, antiguo hospital de peregrinos del castillo. No llegué a ver donde estaban los soldados, pero los mercenarios estuvimos totalmente hacinados, porque el sitio era muy pequeño para los 40 que éramos. De todas formas todo el mundo lo llevó muy bien y nos organizamos a la perfección, así que a pesar de todo estuvimos de puta madre. Además, el albergue nos servía de centro de reuniones, donde podíamos hablar y conspirar (cosa que hicimos, y mucho) con total tranquilidad.
Pero, antes de nuestro traslado al albergue, media hora después del anochecer surgió la alarma. Los vigías de la torre habían avistado a los Irmandiños dirigiéndose hacia el castillo. Lo curioso es que justo antes de saltar la alarma, yo me fui tranquilamente al baño con Viri. Se da la circunstancia de que ninguno de los dos había ido al baño en todo el día. Pues fue ir nosotros al baño y dar la alarma justo cuando volvíamos. Hay que tener mala leche...
El ataque nos sorprendió porque a esas horas estabamos todos esperando para cenar, ya que la organización estaba preparando las mesas en el patio de armas del castillo. Aún no sabíamos que esa iba a ser la tónica habitual de todo el fin de semana. A la hora de las comidas, ataque Irmandiño.
Una vez dada la alarma todos corrimos a las tiendas a coger los escudos y las espadas para formar en la explanada del castillo, donde nos esperaban nuestros jefes. Una vez allí, todos echamos una ojeada al horizonte a ver que ocurría. Y lo cierto es que era una vista impresionante. En plena noche, una larga fila de luces avanzaba en la oscuridad hacia el castillo. Por supuesto, en ese momento aún no sabíamos que los Irmandiños eran menos que nosotros y estábamos todos acojonados gracias a los rumores que empezaron a circular diciendo que había 5 Irmandiños por cada antorcha. Yo no sé si estaba todo preparado o fue improvisado, pero incluso los PNJs parecían tan sorpendidos y nerviosos como nosotros. Al final, resultó que los Irmandiños solo venían a parlamentar y a exigir la rendición del castillo y no a luchar. La vista de los Irmandiños desde el castillo impresionaba, aunque las presuntas antorchas resultaron ser velas grandes, y cada Irmandiño llevaba su vela, nada de 5 por luz. Así pues, todo lo que ocurrió fue que el Arzobispo se asomó desde lo alto para decirle al jefe de los Irmandiños, Alonso de Lanzós, que de rendirse nada de nada, que si querían el castillo tendrían que conquistarlo por la fuerza. Casi se puede decir que fue un poco decepcionante que no hubiera pelea, pero la adrenalina del susto que nos llevamos todos pensando que ibamos a sufrir un ataque inminente fue una sensación impagable. Eso sí, insultos e improperios no faltaron entre los jugadores de cada bando...

  • Cena y baile medieval
Una vez terminado el intercambio dialéctico entre el Arzobispo Fonseca y Alonso de Lanzós, los Irmandiños se fueron a su campamento y nosotros nos fuimos a cenar. Las mesas eran de 10, una para cada comando, lo que fomentó que los miembros de cada comando nos conocieramos mejor entre nosotros. La cena fue traída en un caballo de hierro (furgoneta) de Coren Grill y en cada mesa nos dejaron una caja con 2 bandejas de churrasco con patatas. Quitando el detalle del caballo de hierro, el carton de las cajas y el aluminio de las bandejas, era todo muy medieval puesto que no teníamos ni cubiertos ni servilletas. Tuvimos que comer a pelo, con las manos. Y aunque el churrasco estaba frío, todos disfrutamos de la cena como si fuera un manjar tras el "duro" día que habíamos tenido. Por supuesto, en una cena medieval no podía faltar el vino y la organización nos proporcionó un par de botellas de vino para cada mesa. No daba para mucho, pero algo es algo, e incluso alguno se achispó más de la cuenta...
Para amenizar la cena tuvimos un pequeño grupo de gaiteros vestidos con sus trajes folclóricos. Y aunque la cosa no empezó muy animada, al acabar la cena casi todo el mundo se animó a bailar. Algunos por impulso propio y el resto, animados por los primeros. Así pues, el jefe de los gaiteros se animó y empezó a organizar el baile al estilo medieval: los hombres a un lado, las mujeres a otros y ala a hacer mariconaditas varias. La que más éxito tuvo fue sin duda la del túnel, que consistía en que la pareja del extremo se metía en el túnel que le hacía el resto y corría hasta el otro extremo y así todo seguido, unos detrás de otros, por lo que todo el grupo se movía de un lado a otro en un plis plas. La fiesta se prolongó hasta la una de la madrugada más o menos y todos disfrutamos como enanos.
Después del baile, los mercenarios bajamos a las tiendas y procedimos a hacer la "mudanza", llevándonos los colchones y los enseres de cada uno hasta el albergue, donde nos distribuimos como buenamente pudimos en el reducido espacio del que disponíamos. La escasez de espacio propició que en vez de dormir inmediatamente hubiese charla y diversión hasta tarde. Es toda una experiencia dormir con 40 personas a la vez: ronquidos, susurros, risitas, uno que se levanta para ir al baño...


(Continuará...)

Irmandiños: A Revolta
Crónicas de un mercenario (II)
Crónicas de un mercenario (III)